Zombies, cerveza y calzas: a qué podés acceder con bitcoin en Buenos Aires

Un cartel en la barra del Bar Doble Seis, de Palermo
Un cartel en la barra del Bar Doble Seis, de Palermo Fuente: LA NACION - Crédito: Agustin Marcarian
Un centenar de locales aceptan la divisa digital en la ciudad; destacan la facilidad de uso, aunque todavía estos pagos son incipientes
Andrés Krom
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21 de julio de 2017  • 02:00

¿Sos una de esas personas que compró bitcoins antes de su subida meteórica, cuando solo costaba un puñado de dólares? ¿O integrás esa minoría apocalíptica de inversores asustada por su volatilidad reciente? No importa. Ya sea por abundancia o por miedo, Buenos Aires tiene unos cuantos negocios dispuestos a recibir tus monedas digitales.

De hecho, la oferta local no es tan incipiente. Según el sitio Coinmap, que mapea la cantidad de negocios que aceptan pagos en bitcoin alrededor del mundo, la ciudad está apenas detrás de las estadounidenses San Francisco y Nueva York en cantidad de comercios que reciben la criptodivisa, con 102 locales.

Aunque estas operaciones sólo representan una parte marginal de la facturación de estos comercios, muchos de sus respectivos dueños dijeron a LA NACION que están entusiasmados por las posibilidades que ofrece esta tecnología y el impacto que puede tener a futuro en la economía.

¿Una veterinaria cripto?

Pet’s Home (Mendoza 2287) tiene un raro honor: es la primera -y hasta ahora, la única- veterinaria en la ciudad que acepta bitcoins. “Lo implementamos hace dos años”, cuenta Agustín Delboni, empleado de la tienda. “Tenemos un par de clientes fijos y otros que nos han visto por Internet. Se llevan alimentos, accesorios, ropita, champúes, las cosas cotidianas. Yo les pregunto si tiene algún sitio preferencial para calcular la cotización y ahí generamos el precio para el producto. A mí me parece muy práctico."

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“Cuando me preguntan qué medios de pago acepto y digo efectivo, crédito, débito o bitcoin la gente me mira como si estuviera loca”, admite Denise Miguel, la dueña del negocio. “Recién estamos empezando, pero todo lo que sirva para ampliar el campo de venta y brindar otra alternativa de pago está bueno.”

Para todos los gustos

Alejandro Araque y Luis Betancourt atienden la heladería Allegro (La Pampa y Vidal) desde 2015. Sus primeras experiencias con el mundo bitcoin las tuvieron en su Venezuela natal, donde aprendieron a negociar la moneda para sortear el áspero control cambiario impuesto por el chavismo. “Creo que somos la única heladería como tal que acepta bitcoins”, aventura Araque. Tanto él como su socio se encargan de evangelizar a sus clientes, una tarea a tiempo completo. “Muchas veces la gente piensa que es lavado de dinero y que la AFIP les va a caer encima. Me preguntan ‘cómo hacés para facturar’. Yo les digo que si me pagan en bitcoin yo les voy a dar una factura por la cantidad equivalente de pesos”, agrega.

Carlos y Carolina Sabaté también son venezolanos. Él ingeniero en alimentación, ella arquitecta, tuvieron la visión hace tres años de fundar Il Posto Mercato (Soler 5502), un almacén acogedor que ofrece una amplia selección de vinos, fiambres y quesos. “Mi cuñado sabe bastante del tema y hace dos años lo hablamos en un diciembre familiar. Desde entonces estamos metidos”, reconoce Carlos. Aunque afirma que ha tenido pocas ventas con esta moneda, su compromiso se mantiene firme: “Los comercios somos los que tenemos que empezar a incentivar más el uso de cripto -sostiene-, porque somos los que sabemos y los que deberíamos popularizar su uso”.

Carlos Sabaté, del almacén Il Posto Mercato
Carlos Sabaté, del almacén Il Posto Mercato Fuente: LA NACION - Crédito: Agustin Marcarian

En el caso de Diego Barreiro, dueño del bar Doble Seis (Gascón 1355), el compromiso con la causa nace bien temprano: el préstamo para fundar su establecimiento fue fondeado con bitcoins. La decisión de aceptarlos como medio de pago, entonces, fue un paso natural. “Es un porcentaje bastante bajo de las ventas todavía, pero la verdad es muy fácil de usar. Lo monetizas de toque, no como la tarjeta, que tarda 72 horas.”

Ojo. En el Happy Hour del Doble Seis podés tomarte una pinta bien fría por 0,0014 bitcoins ($ 65). Una ganga.

Aliens, zombies y calzas

Escondida en el corazón de San Telmo se levanta la Galería del Asombro (Defensa 1295), un oscuro refugio para todo tipo de criaturas sobrenaturales: desde estatuas de la posesa Regan -la niña cubierta de vómito verde de “El exorcista”- hasta una muestra de grandes villanos del cine de terror -Freddy, Michael Myers-, varias representaciones de muertos vivos y una recreación de aquella “autopsia del extraterrestre” que inundó las pantallas televisivas en los 90s.

Este lugar es producto de la imaginación febril de Gerbernstein, como se hace llamar el fundador de Metamorfosis FX, una academia de efectos especiales y maquillaje artístico que funciona en el mismo predio. “De bitcoin me habré enterado hace tres años y siempre me gusta estar a la vanguardia. Si es raro, original o nuevo ya me llama la atención”, dice el artífice de la galería. A su juicio, la moneda digital es “una apuesta”. “Es jugar con algo para ver qué es lo que sucede. Los más valientes que nos adentramos en este universo nuevo estamos aprendiendo cómo van a ser las transacciones del futuro.”

Julieta Natalia Cordone también empezó hace tres años a tomar bitcoins como medio de pago, pero lo que ofrece es algo menos terrorífico: bajo la marca Eat me! (eatme.com.ar) vende calzas de diseño que se caracterizan por sus originales estampados, con motivos japoneses o referencias a videojuegos clásicos, entre otros diseños. “Hace 10 años que hago ropa de mujer en forma independiente, con ideales como una cadena de producción justa y precios razonables”, comenta.

Su ingreso a la comunidad estuvo motivado por algunas de las características más distintivas de la criptomoneda. “Leí que no dependía del Estado o de bancos y dije ‘chau, estoy adentro’. Empecé a poner que los aceptaba y fui investigando sobre la marcha. Me fascinó ver que era descentralizado y dependía más de la gente. La primera transacción fue una emoción total. Es casi siempre gente de afuera, especialmente de Estados Unidos y Europa.”

Facturación marginal, pero...

Todas las personas entrevistadas para esta nota reconocen que todavía sus ingresos en bitcoin son bastante reducidos. Sin embargo, para Daniel Rybnik, profesor de Régimen Tributario en la Universidad de Buenos Aires (UBA), este factor es insuficiente para juzgar el éxito o fracaso de la adopción de esta divisa.

El frente de la Heladería Allegro, en el cruce de las calles Pampa y Vidal
El frente de la Heladería Allegro, en el cruce de las calles Pampa y Vidal Fuente: LA NACION - Crédito: Agustin Marcarian

“No pasa solamente por la cantidad de ventas”, dice a LA NACIÓN. “Hay bitcoiners que van a comprar a estos lugares porque sienten que pertenecen. Eso no significa que vayan a pagar con bitcoins. La gente muchas veces prefiere sacarse los pesos de encima”, añade. No parece tan loco cuando se considera la devaluación del peso frente al valor del bitcoin, que al cierre de esta nota superaba los US$ 2750.

Rybnik, uno de los cofundadores de la ONG Bitcoin Argentina, dice que los beneficios de aceptar esta moneda digital son varios. “El costo de implementación para un comercio es muy bajo. Impositiva y legalmente es un trámite sencillo. Es igual que el efectivo. Es más, tiene características que lo hacen más fácil de trazar. En la blockchain quedan registros de todas las operaciones.”

A su juicio, su aceptación hoy constituye más bien una apuesta a futuro. “Te permite posicionarte en un nuevo nicho tecnológico, que está creciendo. Los primeros que entren siempre van a ser los que obtengan los mayores beneficios.”

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