Ausentismo escolar: otro triste récord argentino

Al alto índice de inasistencias y de impuntualidad en las aulas se suma que no se cumple con los 180 días anuales de clases dispuestos por ley
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14 de julio de 2015  

Dos factores determinantes del buen rendimiento escolar han declinado severamente en nuestra escuela, tanto en el nivel primario como en el secundario. Se trata de las inasistencias y de las faltas de puntualidad en las que incurren no sólo los alumnos, sino también los docentes, lo cual influye de manera negativa en la calidad de los aprendizajes, cuyo descenso comprobado a través de pruebas internacionales viene preocupando con razón al evaluar el funcionamiento de nuestro sistema de enseñanza. Esta laxitud en la formación de los hábitos de comportamiento mencionados resultará un perjuicio en el largo plazo para los alumnos de hoy, ya que conspirará indudablemente contra su vida laboral futura.

Hay datos cuyo simple enunciado cuantitativo es de por sí un juicio calificador adverso. El ausentismo de nuestros estudiantes constituye el más alto en el mundo en el nivel secundario. En una lista de 65 países, la Argentina ocupa el último lugar, debido a que el 58,1 por ciento de los alumnos faltaron al menos una vez a clase durante un período de dos semanas, de acuerdo con datos tomados de las pruebas PISA de 2012 y sintetizados en un trabajo realizado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, que dirige Alieto Guadagni. Basta comparar esos datos con los de otros países para asombrarse más: China y Japón, por ejemplo, sólo registran 2% de ausentismo escolar.

A las inasistencias se suma la impuntualidad de docentes y alumnos, cuyas consecuencias recaen también sobre el aprendizaje. Es una realidad conocida que el nivel deseable de los estudios se alcanza a través de la regularidad y continuidad de las clases. Cuando esto no ocurre, se empobrecen los aprendizajes, y los vacíos que van quedando impiden progresar. En todo este proceso incide, lógicamente, el ejemplo del docente, cuya impuntualidad en las naciones europeas afecta, en promedio, a menos del 10% del alumnado, mientras que en nuestro país, en cambio, perjudica al 23% de los estudiantes. En los Estados Unidos, ese problema sólo afecta al 1% del alumnado, al igual que en el Reino Unido, en tanto que Lituania y Liechtenstein encabezan el ranking, con porcentajes cercanos a cero.

Según un estudio del Observatorio de la Educación Básica Argentina, del Centro de Estudios en Políticas Públicas de la UBA y del Banco Santander Río, hecho tres años atrás, en la escuela pública, sin contar los días de paro, los alumnos tienen tres horas libres por semana por las ausencias docentes. En esas faltas incurre el 40% de los docentes, en tanto que en la escuela privada se reduce a 23%.

La brecha es llamativa y abre interrogantes sobre las causas de los distintos comportamientos. Puede recordarse, además, que la Argentina pertenece al grupo de países con menor número de días de clase en su calendario. Los de por sí escasos 180 días dispuestos por ley son superados por la gran mayoría de los países. Por ejemplo, Brasil y México tienen 200 días de clases; en Europa, España llega a los 220, y en Asia, Japón alcanza los 247.

Un ejemplo proporcionado recientemente por Guadagni da cuenta de la magnitud del problema: "Un chico chileno que termina la primaria hoy le saca, en cantidad de horas de clase, más de dos años de ventaja a uno argentino". Y no solamente porque nuestro calendario escolar es corto, sino porque ni siquiera se cumple. A las inasistencias hay que sumar las medidas de fuerza, la gran cantidad de feriados puente y el escaso compromiso de muchos distritos por recuperar los días sin actividad .

Como ejemplo se impone hoy el de la Capital Federal, donde la situación de la falta de clases se agravó por las tomas de escuelas. El gobierno porteño decidió cancelar las vacaciones de invierno en los establecimientos que protagonizaron esas medidas de fuerza como una forma de recuperar los días perdidos, pero las quejas de representantes de distintos sectores educativos no tardaron en llegar y el problema está lejos de parecer resuelto.

El problema del ausentismo escolar no es nuevo, pero se va profundizando, en buena medida porque los controles son laxos o inexistentes. En la escuela pública es donde se observa la mayor tolerancia, y esa actitud ha llevado a considerar las ausencias como comportamientos comunes. Ese modo de actuar se asemeja al que se ha manifestado ante "la asignación universal por hijo", medida tomada para favorecer la escolaridad de los chicos que pertenecen a familias que se encuentran en un nivel agudo de pobreza. Una norma de esa naturaleza exigiría un control adecuado; sin embargo, no se hace, de modo que se desconoce si los chicos se han beneficiado por la asignación o han desertado.

En consecuencia, los temas del ausentismo y la impuntualidad de docentes y alumnos no sólo subsisten, sino que se acentúan. Lamentablemente, lo más probable es que la búsqueda de la solución al problema sea transferida al próximo gobierno, como se advierte en muchas otras cuestiones pendientes.

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