Compromiso frente al alcohol

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29 de junio de 2014  

El "Informe referido a la situación mundial sobre el alcohol y la salud 2014", recientemente emitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), describe un preocupante escenario en el que resta mucho por hacer para detener el avance de esta adicción.

En 2012, y pese a que el 48% de la población mundial jamás bebió alcohol, 3,3 millones de personas murieron en el mundo por su consumo excesivo. La cifra supera la de aquellas muertes por sida, tuberculosis y violencia no atribuibles al alcohol en conjunto, y se asocia a que esta perniciosa adicción es uno de los cinco principales factores de riesgo para enfermedades, discapacidad y muerte. Más terrible aún: uno de cada 20 fallecidos en el mundo muere por alguna de las más de 200 enfermedades vinculadas al consumo, entre ellas la cirrosis y la neumonía. El porcentaje de hombres (7,6%) supera al de mujeres (4%), aunque ellas son más vulnerables y con mayor predisposición a enfermarse.

La autorregulación ha demostrado ser inútil, señala el informe, mientras instan enfáticamente a proteger a la población de las nefastas consecuencias del consumo desmedido. Medidas tendientes a reforzar esa protección, como el aumento de los impuestos, elevar la edad requerida para venta o consumo y la regulación en la comercialización de bebidas alcohólicas, arrojan evidencia sustancial sobre su ineficiencia, de acuerdo con lo reflejado en el informe.

El organismo recomienda fijar marcos con sustento legislativo en relación con la comercialización, el esponsoreo y la promoción de actividades dirigidas a los jóvenes, incluyendo las que involucran modernas técnicas de marketing en las redes sociales. Basa esta recomendación en numerosas y fehacientes comprobaciones de que los jóvenes expuestos al marketing del alcohol son más propensos a beber, si no beben, o aumentar el consumo si ya son bebedores. En este sentido, destacan también la importancia de acciones regionales o globales que refuercen las políticas locales con el fin de reducir, para el año 2025, al menos en un 10%, el consumo dañino de alcohol tomando de base 2010.

Así como la prevalencia del tabaquismo disminuyó en el mundo desde 1980, aun cuando aumente el número de fumadores por el crecimiento poblacional, no ocurre lo mismo con el alcohol. La mitad del consumo oficial en el mundo corresponde a licores, seguidos por la cerveza (34,8%) y el vino (8%). En América latina, lo que más se ingiere es cerveza, mientras que en la Argentina el vino (48%) la supera (40%).

En nuestro país, el consumo ronda los 9,3 litros por persona y por año pues, junto con Chile (9,6 litros), somos los países más bebedores de la región, ubicándonos detrás de Europa.

Está claro que la situación mundial que surge del relevamiento realizado por la OMS en 167 países es alarmante y no lo es menos en el nivel local, donde las estadísticas arrojan preocupantes cifras en relación con el aumento del consumo entre los más jóvenes, como tantas veces alertáramos desde estas columnas.

Un estudio entre 300 padres de jóvenes entre 13 y 17 años, como parte de la campaña "Entre Padres e Hijos" que lleva adelante Cervecería y Maltería Quilmes, indicaba que el 78% cree, en muchos casos erróneamente, que sus hijos no beben.

En nuestro país se monitorea el consumo, pero no sus consecuencias sociales, tampoco su impacto en la salud ni el grado de respuesta a políticas en este campo. El éxito de cualquier plan para prevenir y frenar el consumo desmedido de alcohol dependerá no sólo de la convicción política de los funcionarios sino también del compromiso de la sociedad civil y de los agentes económicos. Los gobiernos deben redoblar los esfuerzos adoptando las medidas necesarias para evitar que las políticas sanitarias en este campo se vean distorsionadas por intereses creados de distinto origen. Tres palabras definen el camino a seguir: liderazgo, conciencia y compromiso.

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