Concejales súbditos del "relato"

El pedido de ediles salteños para retirar un monumento al combate de Manchalá es otro ejemplo de distorsión de la historia
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4 de abril de 2012  

El Concejo Deliberante de la ciudad de Salta sancionó una resolución por la que solicita al gobierno nacional el retiro del monumento al combate de Manchalá, situado en el Batallón M5 de Ingeniería en esa ciudad. Ese batallón fue justamente el que protagonizó, el 28 de mayo de 1975, un encuentro armado frente a una división de 115 hombres del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que atacó a un grupo de diez soldados y dos suboficiales que realizaban tareas de pintura en una escuela en Manchalá. La columna guerrillera se dirigía a un objetivo mayor en la ciudad de Famaillá, donde pretendía tomar el comando táctico zonal del Ejército, ultimando a oficiales y suboficiales.

El pequeño grupo de soldados atacados presentó una valiente resistencia hasta que, luego de hacer llegar un pedido de auxilio, recibió refuerzos desde Famaillá que permitieron vencer y dispersar a las fuerzas del ERP. El valor de ese puñado de defensores se magnifica al considerar el grado de entrenamiento y poder de fuego de los atacantes. El 22 de enero de 1974, el mismo ERP había atacado la Guarnición de Azul para hacerse de armamento con graves pérdidas en los defensores.

Este y muchos otros hechos protagonizados por el ERP, los montoneros y otros grupos armados, dejaban fuera de toda duda su capacidad económica y táctica y su empecinamiento sanguinario en imponer por la violencia su voluntad revolucionaria para instalar una dictadura totalitaria de signo marxista en la Argentina. Todo esto sucedía frente a un gobierno constitucional elegido democráticamente. Las acciones del ERP en la selva tucumana apuntaban a crear una zona liberada para reclamar el estatus de fuerza beligerante en el plano internacional.

El Ejército Argentino actuaba en Tucumán en un conflicto abierto y respondía al mandato del gobierno constitucional. El presidente Juan Domingo Perón, luego del ataque de Azul, dirigió un mensaje a la ciudadanía y a las fuerzas armadas instándolas a "exterminar uno a uno" a los guerrilleros.

El combate de Manchalá debe entenderse, por lo tanto, como una victoria que merece el reconocimiento de la Nación. Sólo un afiebrado estado de sumisión y obsecuencia hacia un gobierno nacional que evita condenar la acción del terrorismo de los setenta puede explicar esta decisión de los concejales salteños. El aplauso y el asentimiento enfervorizado de los gobernadores a los discursos presidenciales ante la televisión contagia a funcionarios menores de sus provincias que encuentran siempre en su ámbito alguna acción para congraciarse.

Es de desear que se recapacite sobre este equivocado y deplorable episodio. No es con una visión deformada de la historia y con un "relato" unilateral y confrontativo que se pueda crear un clima para construir un país para todos.

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