Consecuencias inesperadas de la peste porcina

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1 de junio de 2019  

Tanto los pronósticos políticos como económicos sobre la evolución de un país o del mundo se hallan sujetos en cualquier tiempo, aun cuando fuesen hechos con el mayor rigor profesional, a situaciones aleatorias que de pronto lo cambian todo. Ocurre, por ejemplo, con la forma en que ha comenzado a gravitar, de manera inesperada sobre el comercio mundial de alimentos, la peste porcina africana declarada en China.

Como de cada dólar que ingresa en la Argentina por exportaciones 0,55 proviene de productos agropecuarios, se entenderá la relevancia de la cuestión entre nosotros. Esta relación es un recordatorio oportuno para quienes con absoluta irresponsabilidad política destratan al campo y olvidan el papel central de su productividad en la formulación de cualquier plan serio de reconstrucción de la economía y las finanzas del país.

El stock porcino de China era al menos hasta comienzos de 2019 de más de 400 millones de cabezas. Esa cifra descomunal explica que los chinos hayan producido al año unos 50 millones de toneladas de carnes de cerdo o la mitad de lo que se consume en el mundo. Los miles y miles de cabezas que han muerto, o se han eliminado por prevención como consecuencia de esta enfermedad hemorrágica que no se propaga a los humanos, conlleva el riesgo de que su plantel se desintegre drásticamente y con esto bajen las importaciones de soja.

Por un lado, se ha estimado que la Argentina podría ver disminuidas en más de 3 millones de toneladas las ventas del poroto de ese cultivo en la próxima campaña agrícola a raíz de mermas en las compras chinas, direccionadas en primer lugar a alimentar a los porcinos y, en segundo término, a la población. Pero si esta relación económica con China se midiera, en cambio, por los efectos de la guerra comercial que ese país está librando con el gobierno de Trump, se advertirá que, por otro lado, los precios de la soja local se han visto tonificados, como los de maíz, desde la primera semana de mayo al cabo de meses de continua depreciación. Han sido más marcadas en este período las subas de las exportaciones brasileñas que las de las argentinas, pero el fenómeno no se puede imputar hasta aquí más que a la circunstancia de que los cultivos de soja de nuestro gran vecino se entregan por razón de latitudes antes que los de la zona núcleo argentina.

La peste porcina africana es conocida desde comienzos del siglo XX. En los años 50 irrumpió con fuerza en Occidente en Portugal, entre otros países y la actual epidemia se veía venir desde mediados de 2018, a partir de brotes habidos de un virus tan contagioso en Mongolia, Camboya y Vietnam. No hay todavía una vacuna efectiva para combatir este mal de veloz diseminación. En marzo, China hizo saber que el problema estaba bajo control. No era así.

La contrariedad de los chinos, en cuya gastronomía pesan diez veces más los porcinos que los vacunos, ha estado, pues, en relación directa con otro desencanto: 2019, Año del Cerdo en su calendario lunar, en vez de haber sido auspicioso como lo indicaba la tradición, ha dejado ya consecuencias que costará acaso años remontar. Como los porcinos tienen un ciclo de reproducción que permite a las madres crías al año de más de veinte animales, los tiempos de la recuperación de su plantel se acelerarían con algo de fortuna a favor, después de superada la crisis.

Entretanto, cabe celebrar de nuevo los acuerdos por los cuales tanto China como Rusia se han convertido en compradores relevantes de nuestra carne bovina. Además, el primero ha consolidado la relación con la Argentina a través de la autorización para importar carne porcina, tal como lo celebró hace poco el presidente Macri. Ahora, las autoridades sanitarias argentinas deben a la sociedad el resultado de los análisis sanitarios y bromatológicos que necesariamente han de haberse realizado sobre piezas porcinas que un ciudadano extranjero procuró introducir clandestinamente en el país en el inaudito equipaje que traía por avión. No son tiempos para ignorar la gravedad de cuestiones de por sí delirantes como esa.

El año ganadero y agrícola ha comenzado con no pocas sorpresas, como las demoras notables en la siembra de maíz en la zona central de los Estados Unidos. No hace falta decir con cuánta aplicación a las novedades deberán, hora tras hora, trabajar las autoridades del Ministerio de Agroindustria en defensa del interés general nacional, en un ciclo tan sujeto a las variables de las que informa la meteorología mundial.

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