Cuatro elefantes para estatistas pertinaces

Cuando se sube un elefante estatizado al escaño superior, solo se debilita el conjunto
Cuando se sube un elefante estatizado al escaño superior, solo se debilita el conjunto
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14 de junio de 2020  • 00:00

No se pondrá a la Argentina de pie sin soluciones a la falta de ahorro interno, a la enorme presión fiscal y a los elevados costos laborales y logísticos

Según la mitología hindú, la Tierra está apoyada sobre cuatro elefantes y estos, sobre una tortuga. La alegoría es útil para ilustrar a estatistas pertinaces respecto de quienes sufragan, de verdad, sus ímpetus distributivos. Bastaría con asomarse al balcón de sus ministerios, para advertir que el Estado no está flotando en el aire, como lo proponía Anaximandro, sino soportado por cuatro robustos elefantes. Símbolos de quienes padecen, sufridos lomos mediante, el costo fiscal de sueldos y viáticos, jubilaciones y pensiones, subsidios y erogaciones.

Se recomienda entonces, a estatistas pertinaces, recortar y pegar, en lugar destacado, la imagen que acompaña esta columna editorial, para mejor compresión de los párrafos que siguen y como recuerdo de lo aprendido, los días posteriores.

Como corolario del "Estado presente" en la cuarentena, se han oído propuestas que cualquier brahmán descartaría por disparatadas: el Estado no flota en el aire, ni se alimenta de su propia energía, violando la segunda ley de la termodinámica. Si el programa económico del día después hará propio el postulado de que "el mercado no alcanza", se aconseja contemplar, nuevamente, la viñeta de los cuatro paquidermos. El Estado no tiene otro sustento que ese paciente cuarteto y el desafío de la pospandemia requerirá tratarlo con respeto, cuidado y empatía.

Yerran por ideología, por ignorancia o por perfidia quienes subestiman la potencia creadora de las iniciativas individuales, a las que, en forma despectiva, denominan "el mercado". En sentido amplio, este funciona siempre, en la órbita pública y en la privada, acomodándose a las reglas de juego de cada tiempo y lugar. Compra de votos, devolución de favores, designaciones, consultorías, contratos y otras gentilezas conforman el mercado político, equivalente con chofer de los intercambios en el ámbito "subalterno" del otro, el que camina por la vereda.

Expropiar empresas es la forma de ampliar el ámbito propio de la militancia, el clientelismo y la cofradía

La única forma de crecer, después de la hipotética reestructuración de la deuda, será con un programa que vigorice a nuestros amables elefantes para que la economía se reactive y crezca, con mayor productividad. Y que genere los dólares indispensables para fortalecer el peso, eliminar los cepos, desalentar devaluaciones, reducir la inflación, aumentar los depósitos, expandir el crédito y disminuir la pobreza. Ese es el círculo virtuoso de la prosperidad, ningún otro.

Quizás los estatistas pertinaces ignoren o pretendan ignorar que la estructura productiva argentina (salvo la agroindustria, la consultoría, la tecnología y otros sectores puntuales) no es competitiva a nivel internacional, como debería serlo para que las demandas sociales puedan satisfacerse con un crecimiento simétrico de la riqueza nacional. Un país con mercado interno pequeño no puede conservar el modelo autárquico de posguerra, mientras otros países, que antes ignorábamos, son ejemplos exitosos de esfuerzo, inversión y prosperidad.

Cuando los estatistas pertinaces sostienen que el mercado no alcanza, parecen desconocer, víctimas de sus propios pruritos ideológicos o de malignidad, que esa dificultad para competir en los mercados mundiales se debe a cuatro razones, tan obvias como intocables: la ausencia de ahorro interno, la presión fiscal, el costo laboral y el costo logístico. Cuatro cadenas que agobian a quienes sostienen los despachos de los estatistas pertinaces, más su cohorte de voceros y asesores.

Si la salida pospandemia no incluye una profunda revisión de esos cuatro obstáculos, no alcanzará ni con el mercado, ni con el Estado, ni con la mitología hindú, ni con plegarias para poner a la Argentina de pie. Nada más triste que cuatro elefantes de rodillas frente a una población en la pobreza.

La ausencia de ahorro interno, causada por la inflación y las emergencias patrióticas, ha impedido que los empresarios argentinos, despiertos y cosmopolitas, tengan acceso a un costo del capital razonable, para entrar al mundo con productos de valor agregado y precios competitivos. Si nada se piensa hacer al respecto, salvo anunciar obras públicas sin dinero y otorgar subsidios de papel a la economía popular, poco podrá esperarse para que la industria se reconvierta y genere divisas, como el campo. Sin moneda, sin crédito barato ni mercado de capitales, "moriremos con lo nuestro" y los empresarios argentinos, despiertos y cosmopolitas, solo subsistirán -genuflexos- persiguiendo nichos regulatorios o simbiosis estatales.

La presión fiscal en la Argentina es una de las mayores de Occidente. Quizás los estatistas pertinaces también ignoren o pretendan ignorar que la imposibilidad de ajustar por inflación descapitaliza a las empresas, que los ingresos brutos se superponen al valor agregado, que el impuesto al cheque, el impuesto de sellos y las múltiples tasas y contribuciones impiden competir a nivel internacional. Y que todo ello impulsa la economía en "negro", agravando la carga sobre quienes no pueden evadir.

El costo laboral, visible en cualquier liquidación salarial, con sus múltiples aportes y retenciones, significa un desvío masivo de fondos hacia destinos insondables. Entre ellos, las cajas sindicales y las obras sociales, fuentes inagotables de riqueza para dirigentes inescrupulosos, reflejada en los patrimonios de familiares y testaferros. Y en poderosos grupos empresarios salidos de la nada, que el fisco parece ignorar mientras exige el "origen de los fondos" para cualquier operación honesta. La trazabilidad de esos recursos debería ser prioritaria para refundar la economía. Junto con la eliminación de la "industria del juicio" causante de pleitos artificiosos y de transacciones abusivas, que generan aversión al empleo regular.

Los estatistas pertinaces solo están interesados en expandir sus propios beneficios

Finalmente, está el costo logístico, tantas veces denunciado y tantas veces silenciado por la fuerza extorsiva del sindicato de camioneros sobre el transporte de todo el país. El abrazo del presidente Alberto Fernández con el dirigente Hugo Moyano hace presagiar que, además de la imposibilidad de reducir el gasto público, tampoco querrá el Gobierno enfrentar esta otra causa de debilitamiento del sector privado.

¿El mercado no alcanza? A todas luces los estatistas pertinaces solo están interesados en expandir su propio mercado, donde rigen el poder, los organigramas, las partidas, los cargos, los viáticos, los asesores, las contrataciones dirigidas, la información privilegiada, las pautas publicitarias, los "aprietes" a directivos y otras formas de obtener con la política lo que en el llano solo se logra en competencia, con esfuerzo, inversiones y noches de insomnio.

Expropiar empresas es la forma de ampliar el ámbito propio de la militancia, el clientelismo y la cofradía. Pero cuando se sube un elefante estatizado al escaño superior, como ilustra el grabado, solo se debilita el conjunto, reduciendo a tres el número de los pilares, mientras se extingue por impericia o pillaje al requisado.

Los estatistas pertinaces deberán advertir alguna vez que, para cumplir sus funciones esenciales, el Estado necesita que la actividad privada, operando en mercados libres y transparentes, conforme a reglas generales y no discrecionales, provea los recursos para sostener su enorme estructura y el cumplimiento con las obligaciones, aún pendientes, que definió la democracia iniciada en 1983: "comer, curar y educar".

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