Descensos y reglas de juego

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9 de junio de 2019  

Uno de los bienes más valorados para confiar en un país es la seguridad jurídica, concepto que se relaciona con la previsibilidad y el respeto por reglas de juego predeterminadas. Los permanentes y súbitos cambios en las reglas no solo son una enorme fuente de desconfianza que determina la huida de capitales o el fracaso de ciertos negocios. También son el reflejo de una sociedad dispuesta a consentir la violación de normas básicas y de grupos o personas dispuestas a obtener ventajas indebidas.

Pero los vicios de una sociedad no tienen por qué advertirse exclusivamente en cuestiones macroeconómicas o en mayúsculos escándalos de corrupción. El debate que en los últimos días se ha instalado alrededor de los descensos en la Superliga Argentina de Fútbol puede darnos otra prueba.

La discusión tomó más fuerza a partir del hecho de que Tigre, club que terminó noveno en la tabla de posiciones del campeonato de primera división y que recientemente ganó la Copa de la Superliga, haya descendido a la siguiente división en función del promedio de puntos acumulado en los tres últimos años. Este sistema fue instrumentado desde el año 1983, en reemplazo del tradicional método que obligaba a descender a los equipos que ocuparan los últimos puestos en un solo torneo.

Hay media biblioteca a favor de un sistema y de otro. Se ha dicho que el actual sistema de promedios beneficia a los clubes más poderosos en desmedro de los más chicos. Aunque lo cierto es que equipos tradicionales del fútbol argentino como Independiente o River Plate fueron condenados al descenso con ese sistema. En tanto, el descenso de Tigre tras su muy buena campaña reciente obedeció a las pobres performances de los dos años anteriores.

Nada obstaculiza que los dirigentes de los clubes debatan sobre la conveniencia de uno y otro sistema, aunque la experiencia indica que, lejos de un análisis objetivo, lo que suele ponerse en juego son los intereses coyunturales de cada uno.

En las últimas semanas, directivos de unos 14 clubes se pusieron de acuerdo en abolir el sistema de promedios para determinar los descensos de categoría a partir del próximo campeonato. Semejante medida favorecería a aquellas entidades que promediaron un bajo puntaje en los dos últimos años y perjudicaría a aquellas que desarrollaron buenas campañas en igual período. Quien aportó una nota de racionalidad fue el presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, cuando sostuvo públicamente que, si había consenso en cambiar el reglamento, el nuevo sistema para definir los descensos debería regir de aquí a dos años y no de inmediato.

Los barquinazos en los reglamentos de los campeonatos del fútbol argentino han estado a la orden del día, restando seriedad a quienes dirigen el más importante deporte profesional de la Argentina. Pero, lamentablemente, son apenas un ejemplo más de una sociedad que, con inusitada frecuencia, se rebela ante sus propias reglas de juego y que, al igual que en los últimos días en el terreno político, se ve expuesta a verdaderas alquimias electorales para llevar agua al molino de algunos dirigentes.

Es indudable que si las reglas de juego están en todos los órdenes sujetas a cambios permanentes, quienes estaremos continuamente al borde del descenso seremos todos los argentinos.

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