El dios de la lluvia y humo blanco

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6 de septiembre de 2020  • 00:00

Otras Opiniones.El Nacional/Venezuela

CARACAS.- No es la pandemia la que tiene a los venezolanos montados en la máquina del tiempo. Tampoco son las sanciones impuestas por Estados Unidos y los principales países de Europa. Hace mucho tiempo que analistas e intelectuales insisten en que el régimen ha mandado al país al siglo XIX.

La situación que se vive en el interior es de completa desolación. No solamente faltan la gasolina y la comida, tampoco hay trabajo y la infraestructura se está cayendo a pedazos.

En el Zulia ya no saben cómo hacer para sobrevivir. Hace años que los zulianos están a oscuras y tampoco saben lo que es abrir una llave y que salga agua. Lo mismo ocurre en Lara, en Trujillo, en Carabobo.

El régimen dejó perder el servicio de agua corriente que tan eficientemente llegó a extenderse con los años de la democracia. Cuando se viajaba por las carreteras se veían las casitas rurales con sus tanques y los postes con el cableado eléctrico. La riqueza de Venezuela daba para que todos pudieran disfrutar de vivir en un país con un enorme potencial, pero no ese eufemismo de "potencia" que le gusta repetir tanto al mandante.

Ahora no queda nada. Por las tuberías no viaja el agua y por los cables no se transmite electricidad. Los tanques que antes se conectaban a las casas ahora se destapan para que almacenen la lluvia y cualquier palo seco se convierte en leña.

Si un gran desastre natural hubiera arrasado con todo se podría entender. Pero el que sugiere la leña no debe tener problemas de gas en su casa y mucho menos se baña con agua de lluvia. En verdad lo que quieren los venezolanos es que después de la danza de la lluvia salga humo blanco, pero de Miraflores.

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