El futuro de las PASO

Está demostrado que el sistema de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias es malo para la Argentina, pero eliminarlo hoy resultaría contraproducente
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23 de febrero de 2019  

Muchas son las críticas que se le pueden hacer al sistema de primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), tanto desde el punto de vista institucional como por el costo económico que representan. Pero plantear en este momento su inmediata eliminación, cuestión que requeriría un amplio acuerdo político y una ley del Congreso, es inconveniente e inoportuno. Con el calendario de votaciones ya establecido, propiciar cambios en las reglas de juego cuando falta tan poco tiempo para un acto electoral crucial despertaría toda clase de suspicacias y afectaría tanto la previsibilidad política como la seguridad jurídica.

Tan solo uno de los argumentos esgrimidos por el intendente de Vicente López, Jorge Macri , como vocero de una rebelión de jefes comunales macristas contra las PASO, basta para compartir el razonamiento y opinar en el sentido de que el régimen electoral actual presenta serias fallas. Señaló que el Estado gastará más de tres mil millones de pesos para que esos comicios puedan realizarse. El del gasto es uno de los cuestionamientos, muy contundente por cierto, pero hay otros más que también inciden para inclinar la balanza hacia la necesidad de un cambio para el que, sin embargo, no es el momento oportuno. Acceder ahora mismo al pedido de los intendentes generaría fundadas sospechas y sería contraproducente.

Las PASO han demostrado ser mayormente un instrumento inútil para definir candidaturas, que en la mayoría de los casos ya vienen selladas por acuerdos previos entre unos pocos dirigentes partidarios. En el territorio bonaerense, donde pesa la opinión de los intendentes, este año podrían servir para dirimir solo unas pocas postulaciones en municipios en los que no se ordenó la oferta electoral. Representan un gasto descomunal en un país que debería hacer de la austeridad un mandato irrenunciable. Generan, además, molestia en los ciudadanos, que deben repetir el acto eleccionario por la obligación de votar en internas abiertas (que muchas veces no son tales), comicios generales y eventuales segundas vueltas presidenciales. Y, adicionalmente, el piso de 1,5% de votos que se exige lograr en las PASO para poder participar en las elecciones generales resulta muchas veces proscriptivo para opciones políticas pequeñas.

El combo puede resultar negativo por donde se lo mire y brinda justificativos a la posición de los jefes comunales bonaerenses del macrismo, quienes se enfocaron en el aspecto económico, al señalar que la política también tiene que dar un gesto de austeridad y que las PASO terminan siendo una encuesta demasiado cara.

Jorge Macri agregó en un foro que se realizó en Vicente López, el 8 de febrero, que "la mayoría de los cargos que se presentan ya están definidos". No defendió ese planteo en soledad. Su par de Lanús, Néstor Grindetti, fue otro de los referentes de Pro que alzaron la voz. "Siempre sostuve que debería revisarse la ley que obliga a todos los argentinos a votar en las PASO. Es un incordio para la gente", remarcó. En ese foro, estuvieron también los intendentes Julio Garro (La Plata), Héctor Gay (Bahía Blanca), Pablo Petrecca (Junín), Ezequiel Galli (Olavarría), Nicolás Ducoté (Pilar), Martiniano Molina (Quilmes) y Martín Yeza (Pinamar).

Mauricio Macri sería nuevamente candidato presidencial y, a menos que la UCR acuerde la presentación de un competidor, nada habría que definir en las PASO de la fuerza oficialista Cambiemos en el máximo nivel. Si Cristina Kirchner oficializara su postulación presidencial por Unidad Ciudadana, tampoco tendría rivales en las primarias abiertas. Las PASO solo serían así un sondeo electoral totalmente confiable, a diferencia de las muchas veces dudosas encuestas pagas que abundan en despachos y búnkeres políticos.

En el escenario que por estos días se vislumbra, solo parece posible que en las PASO se enfrenten postulantes de Alternativa Federal - Sergio Massa , Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto , entre ellos-, siempre que no acuerden que Roberto Lavagna sea su candidato de unidad, y quizá, de alguna de las expresiones de la izquierda. Demasiado poco para los 3081 millones de pesos que, de acuerdo con lo presupuestado, le insumirán al erario nacional. Representan el turno electoral nacional más caro. En las generales y en el eventual ballottage, ese número se achica al ritmo de la reducción de competidores. Las generales demandarán un gasto de 2765 millones de pesos y, de realizarse, el ballottage presidencial se llevaría 1975 millones de pesos.

Los argentinos estaremos obligados a pasar tres veces por el cuarto oscuro para elegir el próximo presidente si se dan resultados parejos, como se conjetura. Habrá que presentarse el 11 de agosto para las PASO, en las que la mayoría elegirá un candidato que no tendrá competencia interna; para las generales, el 27 de octubre, y para la hipotética segunda vuelta del 24 de noviembre. Este cálculo solo cuenta elecciones nacionales, pero si se tienen en cuenta las provincias que desdoblaron sus comicios, la repetición es aún más agotadora para muchos ciudadanos. En no pocas provincias sus votantes podrían concurrir cinco veces a las urnas este año, entre los dos turnos electorales locales y los tres nacionales.

Hay también argumentos de índole institucional para cuestionar el sistema de las PASO. Los convencionales constituyentes de 1994 procuraron acotar lo máximo posible el período entre las elecciones presidenciales y la entrega del mando, para lo cual se fijó que los comicios generales debían realizarse dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del presidente en ejercicio, y que el eventual ballottage se efectuara dentro de los treinta días de celebrada la primera vuelta. Con el surgimiento de las primarias abiertas, que se llevan a cabo cuatro meses antes de la asunción presidencial, se anticipan todos los tiempos, cristalizando la posibilidad de que, si el resultado de las PASO es concluyente en favor de una fórmula presidencial de la oposición, aumente la debilidad del primer mandatario en ejercicio y crezca el riesgo de una crisis institucional.

El pedido de eliminar las PASO que hicieron público los intendentes macristas del conurbano está justificado. Pero no en este momento, cuando puede interpretarse como una búsqueda de una ventaja electoral. Desde la Casa Rosada aparecieron mensajes que indican que esa intención no tiene futuro, porque los tiempos para que una ley del Congreso modifique las PASO no son factibles. Deberíamos modificar este sistema con vistas a 2021. Pero no corresponde cambiar las reglas del juego cuando el partido ya comenzó a disputarse.

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