El nivel de los salarios docentes

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3 de noviembre de 2014  

Partiendo de los resultados de la prueba de evaluación PISA 2012, Manuel Álvarez Trongé, líder del proyecto Educar 2050, y Alejandro Gaminian de la Facultad de Educación, Harvard, elaboraron un trabajo al que titularon "Pistas para mejorar". Debe recordarse que la citada prueba se administra cada tres años, que en ella participan alumnos de la escuela media de 65 países y que el puntaje alcanzado por nuestros estudiantes en la última ocasión los ubicó en el puesto 59o. El frustrante resultado motivó el interés de los dos autores nombrados con el fin de indagar qué factores han influido en el descenso de los rendimientos de los escolares argentinos. En ese sentido, la atención se concentró en los bajos salarios que perciben los profesores de nuestro país en comparación con la docencia de la escuela media, ya sea de los países desarrollados como de otros en vías de serlo. Al tema de los bajos salarios, se han sumado dos situaciones en que incurren profesores y alumnos: ausentismo e impuntualidad, comportamientos que gravitan más en el curso de un año escolar comparativamente corto y que se reduce más a causa de los paros en demanda de mejoras salariales, precisamente.

Esa cuestión se ha convertido en una constante que, sin dudas, afecta la actividad escolar y, como consecuencia, los aprendizajes. El análisis del problema por Axel Rivas, en Radiografía de la educación argentina, señala que entre los años 1975 y 1990 los sueldos docentes se convirtieron en una variable de ajuste para que creciera la inclusión educativa. Eso provocó una significativa depreciación en el nivel salarial en el lapso 1981-1999, que algunos han estimado hasta en un 50 por ciento. En la década de los 90, el aumento del financiamiento educativo lo absorbió la reforma implantada en 1993. Por consiguiente, el proceso de declinación salarial sólo empezó a cambiar en 1998, al sancionarse la ley Nº 25.053, que reconoció la deuda y creó un fondo nacional para modificar esa situación injusta. Posteriormente, en 2003, volvió a crecer la inversión en el área de la enseñanza y el salario, a partir de la ley 26.075 de financiamiento educativo que, entre otros objetivos, tuvo el de "mejorar las condiciones laborales y salariales de los docentes de todo el sistema educativo…".

Si bien sobre esas bases se recuperaron parcialmente los ingresos de maestros y profesores, no se llegó a compensar la depreciación de las décadas anteriores. Además, las diferencias salariales entre las distintas jurisdicciones escolares del país son muy amplias de manera que no se puede emitir un juicio de validez general, tanto en el orden interno como externo, si bien hay desniveles muy apreciables cuando se comparan los sueldos que perciben nuestros profesores con los de países más avanzados, como Francia, los Estados Unidos o Alemania, en que el nivel salarial triplica, por lo menos, lo que se gana aquí.

Si analizamos desde otra perspectiva fallas señaladas, como el ausentismo y la impuntualidad del profesor, se puede afirmar con certeza en muchos casos que expresan desmotivación para cumplir con el deber profesional. ¿Puede imputarse con razón esa conducta a los bajos salarios? La respuesta sería negativa. Lo que cabe suponer es que se han debilitado la vocación y la responsabilidad que exige el rol docente, condiciones indispensables para promover el mejor desempeño de los alumnos, atentos y sensibles al ejemplo que da el profesor. Sentirse mal pago no justifica desatender la tarea fundamental de enseñar y aprender, pues los que se perjudican son los alumnos, que nada tienen que ver con el salario injusto.

El prestigio que adquirió nuestra escuela y nuestra docencia estuvo ligado al espíritu de un tiempo en que el país crecía y merecía el respeto internacional. Hay necesidad de recuperar ese afán de acuerdo con los nuevos tiempos en que vivimos. Corresponde lógicamente que el nivel salarial se eleve y que el docente pueda superar el embate de la inflación y el costo de vida. También es indispensable que en el ejercicio de su actividad mantenga con firmeza los ideales de la educación. Es lo que esperamos, el país y todos sus ciudadanos.

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