El papa Francisco y los políticos argentinos

El Santo Padre afirmó que se ha sentido "usado" por los dirigentes, al hacer un balance de sus dos primeros años en el Vaticano
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19 de marzo de 2015  

Dos años después de su asunción como papa, Jorge Bergoglio ha hecho un extraordinario balance sobre el tiempo transcurrido, la tarea emprendida y las relaciones con el resto del mundo -y en particular con sus compatriotas, los argentinos- que su cargo le ha permitido desarrollar.

Francisco ha demostrado largamente que sabe como nadie manejarse con el lenguaje, y por ello sus declaraciones, en una entrevista exclusiva a la cadena televisiva mexicana Televisa, cobraron aún más importancia mundial. En esa reciente entrevista que mencionamos, no sólo hizo afirmaciones de enorme peso, como, por ejemplo, que cree que su mandato será "breve", o por qué utilizó el término "mexicanización" para referirse al crecimiento de la droga en la Argentina, sino que también confesó que se ha sentido "usado" por los políticos de su país.

Cuando la entrevistadora le preguntó al Sumo Pontífice si él no les pide a sus contactos que no lleven al ámbito público lo hablado en el privado -por la difusión del término "mexicanización", que se había filtrado en un mail al legislador porteño Gustavo Vera, de la asociación civil La Alameda-, Francisco no se limitó a contestar que sí lo suele hacer, aunque "a veces la gente no se aguanta". Además, consideró que a veces se ha sentido "usado" por la política de su país, por esos políticos argentinos "que pedían audiencia". Claro que, como Su Santidad goza, además, de un extraordinario sentido del humor, concluyó que, cuando los argentinos vieron un papa argentino, "se olvidaron de todos los que estaban a favor o en contra del papa argentino".

Varias son las reflexiones que pueden sacarse a partir de estas declaraciones de Jorge Bergoglio, que son, como todo lo que hace desde que fue elegido para el cargo más alto de la Iglesia Católica, una enseñanza y una guía para todos, y muy especialmente para sus compatriotas, entre los que hay tantos desesperados por "figurar", como le gustaba destacar a otro compatriota eminente, el escritor Jorge Luis Borges.

La observación de Francisco va más allá de las visitas circunstanciales, que, justo es destacarlo, han abarcado a todo el arco político de la Argentina, pero, en primer lugar, del sector oficialista, tan enfrentado con él cuando era sólo el arzobispo de Buenos Aires. No está de más recordar que Néstor Kirchner, en 2006, había expresado que "el diablo les llega a todos, a los que usamos pantalones y a los que usan sotanas", en un tiro por elevación contra Bergoglio, al tiempo que un año después lo tildó de "jefe de la oposición". Tras ser ungido papa, Horacio González, de Carta Abierta, sostuvo que la designación del Papa le parecía "un retroceso político trascendente, inútil y criticable", en tanto que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, durante un acto en Tecnópolis, felicitó al Santo Padre el día de elección de forma muy fría, mientras la militancia de La Cámpora lo silbaba en ese mismo lugar. Rápidamente, al advertir que su tensa relación con el Papa contradecía el amplísimo apoyo que le prodigaba a Francisco la opinión pública argentina, la dirigencia kirchnerista cambió de postura, al tiempo que comenzaron a generalizarse las fotos de algunos de esos dirigentes con el Pontífice.

Varias veces ha dicho claramente que no quiere interferir en la política argentina, menos aún en este año, sabiendo que hay un proceso electoral. Por eso mismo, y porque hay una idea hasta ingenua de que basta sacarse una foto con él para que la opinión pública privilegie al fotografiado con el Papa y esté en disposición de creer en su buena fe y condición de persona digna -el ejemplo más reciente es el del pretendiente del Gobierno a integrar la Corte Suprema, el doctor Roberto Carlés-, es que Francisco ha dicho lo que ha dicho, además del comprensible hartazgo al que lo debe de haber llevado una situación tan repetida.

Si todos los argentinos prestáramos mayor atención a este papa, que es un hombre de hechos y hechos muy concretos, como la creación de las Scholas Ocurrentes, para restaurar la educación en el mundo-, recordaríamos que habla también de terminar con las nuevas formas de esclavitud, de practicar la austeridad y abandonar el despilfarro, de volver a los principios cristianos fundantes, que pueden aplicarse en el resto del mundo.

Los argentinos, todos los argentinos, parecemos no haber comprendido todavía que el hecho de que el Papa sea argentino sólo puede ser una señal de que hemos sido privilegiados para aprender a comprenderlo mejor y a poner en práctica con amor sus enseñanzas. No debería ser otra la relación que nos una con una figura de esta envergadura espiritual, política y social.

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