Elevado consumo de alcohol

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30 de junio de 2019  

La idea de que existe un consumo moderado de bebidas alcohólicas que puede ser beneficioso para la salud está siendo cuestionada a través de estudios publicados en prestigiosas revistas científicas. Tal el caso de la revista The Lancet, que divulgó dos investigaciones, una en agosto de 2018 y otra pocas semanas atrás, que concluyeron en ese sentido. En el trabajo más reciente, proveniente de China, participaron investigadores de la Universidad de Oxford, Inglaterra; de la Universidad de Pekín y de la Academia China de Ciencias Médicas.

El estudio evaluó a cerca de 500.000 adultos durante 10 años y concluyó que tomar uno o dos tragos por día de cualquier bebida alcohólica incrementa entre el 10 y el 15% el riesgo de accidente cerebrovascular, al tiempo que consumir cuatro tragos diarios eleva ese riesgo en un 35%. En 2018, otro trabajo internacional había llegado a conclusiones similares. Los investigadores relacionaron la ingestión etílica con 23 problemas asociados, desde trastornos cardiovasculares, tuberculosis, violencia y accidentes de tránsito.

No obstante estas conclusiones, muchos expertos siguen reivindicando las bondades del vino en cantidades moderadas, en especial por su contenido en polifenoles antioxidantes y antiinflamatorios. En este sentido, el diabetólogo ecuatoriano Patricio López Jaramillo sostuvo en el XXVI Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, celebrado recientemente en Mar del Plata, que "una o dos copitas de vino acompañando las comidas tienen un efecto protector".

En el mismo sentido, para Raúl Castor, cardiólogo que dirige la Unidad de Polifenoles, Vino y Salud de la IV Cátedra de Medicina Interna del Hospital de Clínicas, hasta dos copas diarias de vino en el hombre y una en la mujer forman parte de los cinco hábitos de vida saludables, según concluyó una investigación de Harvard de 2018.

Mientras la ciencia médica busca dilucidar sobre los efectos del alcohol en la salud de las personas, el consumo de bebidas alcohólicas en la Argentina ha llegado a límites inimaginables. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el país se beben 9,1 litros per cápita de alcohol por año, si se suman todas las bebidas alcohólicas que se ingieren.

El informe de la OMS, que recopila estadísticas entre sus 194 Estados miembros, ubica a la Argentina detrás de Canadá (10 litros) y de los Estados Unidos (9,3 litros) en el continente americano, superando por primera vez a Chile (9 litros), Perú y Brasil (ambos con 8,9 litros), Venezuela (7,1), Uruguay (6,8), Paraguay (6,3), Bolivia (5,9) y Ecuador (5,1). También se han perdido posiciones frente a naciones europeas tradicionalmente consumidoras, tales como Suecia (8,8 litros), Holanda (8,7) y Noruega (7, 8).

Las consecuencias del abuso de bebidas alcohólicas son graves. Mientras dure la borrachera y el alcohol esté en la sangre pueden ocurrir vómitos, náuseas, mareos, disminución de la agudeza visual y, en los casos más severos, pérdida de la conciencia, pudiendo llegar hasta el coma. En cambio, para los alcohólicos crónicos, las consecuencias son más letales: lesiones cardiológicas, mayor incidencia en tumores hepáticos y problemas digestivos como úlcera, gastritis y cirrosis, entre otros.

En los últimos siete años, el consumo de alcohol en menores de 14 años creció un 50% en la Argentina. Sin eufemismos, hay que decir que los datos referidos al consumo abusivo del alcohol son alarmantes. Cabe preguntarse, entonces, qué está pasando con la educación y los controles, en primer lugar, por parte de los padres en el hogar; luego, de los directivos y profesores en las escuelas; y finalmente, de las autoridades, que deben hacer cumplir las normas sobre el horario de expendio y la venta de alcohol a menores de edad.

Es imprescindible un mayor compromiso por parte de los padres, una intensificación en las campañas de prevención e información, y mayores y mejores controles por parte del Estado. No menos importante será apelar al sentido de responsabilidad de los jóvenes para que comprendan que su capacidad para expresar sus sentimientos y tener una vida digna y plena pueden llevarse a cabo sin necesidad de acudir al alcohol.

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