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Sellos esenciales para una alimentación consciente
Sellos esenciales para una alimentación consciente
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23 de noviembre de 2020  • 00:10

Resulta destacable la iniciativa tendiente a alertar a los consumidores sobre ciertos contenidos de los alimentos, que pueden resultarles muy perjudiciales

El 66% de la población adulta en la Argentina sufre obesidad o sobrepeso y el 41% en el caso de menores de 18 años. Se trata de una enfermedad silenciosa que se cobra las vidas de 41 millones de personas en el mundo por año. Más hipertensión, más diabetes, más enfermedades crónicas, que se han multiplicado en los últimos tiempos. Distintos factores contribuyen, pero nadie duda de que, en términos de alimentación, algo no estamos haciendo bien, en parte porque no contamos con la información necesaria para tomar las decisiones correctas, lo cual impacta también en nuestros niños.

Crear conciencia es básico.La ley de etiquetado frontal de alimentos ya tiene la aprobación del Senado. Logró 64 votos a favor y solo 3 en contra. El debate en Diputados ya comenzó y la aprobación de los dictámenes, que luego de fuertes reclamos solo se limitará a tres comisiones y no a seis, definirá si se llega a abordar el tema dentro del período de sesiones ordinarias.

Como ya ocurre en Chile, México, Perú y Uruguay, la norma propone distinguir en el frente, con un sello negro octogonal, los envases de aquellos productos excedidos en azúcares, grasas saturadas y totales, sodio, calorías, contenido de cafeína por encima de determinados valores o con edulcorantes. El sello no podrá ser inferior al 5% de la superficie de la cara principal del envase ni estar cubierto por ningún otro elemento. Valga también decir que en muchos países ya se utilizan además sellos verdes, amarillos y rojos para indicar los aportes del producto.

Con un plazo de implementación de 18 meses a partir de la sanción, las empresas no estarán obligadas a reetiquetar lo ya empaquetado. Está claro que la instrumentación de la norma presupone la implementación de políticas multisectoriales y esfuerzos conjuntos entre los sectores público y privado.

El proyecto de ley de promoción de la alimentación saludable, con el asesoramiento de la ONU y la FAO, plantea también férreas restricciones a la publicidad y a la presentación de alimentos asociados con famosos o animaciones con personajes infantiles, premios o regalos, así como la prohibición de su venta en instituciones educativas. Incluye, además, supervisar qué se vende en las escuelas y desincentivar el consumo de ultraprocesados, como las galletitas y las bebidas azucaradas, para volver a la alimentación natural. La Argentina es el mayor consumidor de azúcar de la región, un ingrediente capaz de generar fuerte adicción, tal como la ciencia ha demostrado; paradójicamente, el producto en sí no está alcanzado por la norma como sí lo están todos aquellos que lo incluyen en su composición.

El gobernador de Tucumán, provincia azucarera por excelencia, Juan Manzur , encabeza la cruzada contra la ley. Mientras tanto, el inédito aval conjunto de los ministerios de Salud, de Agricultura y de Producción al proyecto preocupa al sector azucarero, cámaras y empresas, que se inclinan por una señalización casi imperceptible para el consumidor, como la brasileña, y, en un afán también por ganar tiempo, proponen llegar antes a una normalización unificada para el Mercosur.

La fuerte oposición no tiene un correlato de autocrítica o de reflexión, que la sociedad recibiría con beneplácito. Tampoco se observa una disposición a producir alimentos más saludables ni a brindar información clara sobre su composición. Los consumidores del mundo han dejado de ser silenciosos observadores; encarnan un nuevo protagonismo que afortunadamente impone cambios progresivos, ya vigentes en muchos países, para dejar atrás viejas prácticas que atentan contra la salud.

La aprobación de una norma que no debería demorarse será solo un paso dirigido a protegerlos, brindándoles información nutricional simple y comprensible. Combatir el hambre presupone también combatir la malnutrición, para lo cual es menester asegurar el acceso a alimentos saludables, con políticas de regulación de precios acordes, fortaleciendo las economías regionales y el desarrollo de huertas comunitarias, alentando las buenas prácticas de fabricantes, productores, distribuidores e importadores para que la población tome conciencia sobre la importancia de incorporar alimentos naturales, adecuados y nutritivos, con más fibra, vitaminas y minerales y sin químicos ni aditivos nocivos que silenciosamente mellan su salud.

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