Extienden a 190 los días de clases

El incremento de jornadas escolares resultará beneficioso si se combina con otros factores para la calidad educativa
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25 de octubre de 2011  

El Consejo Federal de Educación (CFE), por unanimidad, acordó establecer, a partir del próximo año, un ciclo lectivo anual de 190 días efectivos de clases en todas las jurisdicciones provinciales, lo que implica una extensión de diez jornadas con respecto a lo que hasta ahora regía. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por su parte, prevé una ampliación algo mayor del calendario escolar, concretado en un ciclo de 195 días, que habría de cumplirse entre el 27 de febrero y el 21 de diciembre de 2012.

El acrecentamiento dispuesto en el orden nacional ya se había aprobado el año anterior. Aunque la decisión actual se efectúa con una demora de 18 meses, es una medida que debe celebrarse, ya que promete condiciones más favorables para acceder a un rendimiento superior de la enseñanza, tanto primaria como secundaria.

Desde luego, hay una cuestión central que es bien clara: la extensión del ciclo lectivo no garantiza por sí sola mayor calidad de la educación, objetivo fundamental siempre pendiente de logro. No obstante, puede sostenerse que, si se dispone de más tiempo bien utilizado, es factible ganar oportunidades para enriquecer la calidad de los aprendizajes. En esa clave se cifra la expectativa del beneficio de la extensión del período de clases, siempre que ese aumento sea un hecho efectivo.

Conviene recordar al respecto que la ley que fijaba en 180 los días del ciclo lectivo, que data de 2004, estuvo vinculada a un convenio mediante el cual se esperaba garantizar su cumplimiento, razón por la cual fue suscripto por los jefes de gobierno de todas las jurisdicciones. La experiencia demostró que el documento firmado no impidió que el buen propósito se frustrara en el curso de estos años. En ese sentido, la cuestión que más ha gravitado estuvo relacionada con huelgas docentes en reclamo de aumentos salariales.

Como es notorio, la negociación salarial es una cuestión fundamental que debería quedar resuelta antes de la iniciación de las clases, pues es en ese lapso cuando las medidas de fuerza gremiales presionan y con ello reducen tempranamente las jornadas de trabajo escolar del año, con dudosa recuperación posterior.

Observando comparativamente la medida ahora establecida, se advierte que con ella mejora ligeramente nuestra situación en el plano mundial y latinoamericano. Ahora bien, es oportuno estimar el tema en conexión con otros factores que juegan su parte en el proceso de afirmar la calidad de la enseñanza. Así, importa considerar el número de alumnos por división, el empleo diario de las horas de clase, el grado de personalización factible en el curso de los aprendizajes, la forma en que se administran las tareas hogareñas o las ofertas de doble escolaridad.

Como se advierte, la mayor cantidad de horas tiene que coordinarse con una secuencia de condicionantes que permitan acrecentar su beneficio.

En suma, el paso dado abre posibilidades positivas que se acrecentarán en la medida en que los protagonistas de la actividad escolar -docentes y alumnos- asuman constructivamente la innovación cuantitativa y ese cambio fructifique al unirse con otras mejoras para el funcionamiento escolar.

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