Felicidad, preciado tesoro

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4 de octubre de 2019  

De acuerdo con el último Informe sobre Felicidad Global (WHR, por sus siglas en inglés), realizado en 156 países, el 64% de los adultos del mundo se consideran hoy felices, seis puntos menos que en 2018. Finlandia conservó el primer lugar, seguida por Dinamarca y Noruega. En los últimos puestos se ubican Ruanda, Tanzania, Afganistán, la República Centroafricana y Sudán del Sur. La Argentina cayó del puesto 29 al 47, con apenas un 34% de habitantes que se reconocen felices.

Sobre un total de 29 categorías, las que reportan mayor satisfacción a los argentinos son tener salud y bienestar físico (55%); disfrutar de los amigos (56%), de los hijos (48%) y de las relaciones sentimentales (48%); saber que su vida tiene sentido (47%), y gozar de seguridad personal (45%). Las posesiones materiales son solo mencionadas por el 21%.

El referido informe global pone el acento sobre el positivo vínculo entre felicidad y generosidad.

Otro capítulo documenta el incremento del tiempo que dedican los adolescentes norteamericanos a interactuar con sus dispositivos electrónicos, aumentando la ansiedad y bajando sus niveles de felicidad. También analiza el impacto de distintas adicciones -drogas, alcohol, comida, uso de internet sobre la declinación en el bienestar norteamericano, realidad que sin duda se replica en distintos lugares del mundo.

Los gobiernos establecen el marco institucional y político dentro del cual los individuos desarrollan sus vidas, por lo cual sus actos afectarán el nivel de felicidad general. Al mismo tiempo, la felicidad de los ciudadanos influye sobre el tipo de gobierno que apoyarán. A partir del caso mexicano, el informe observa que las mediciones sobre las categorías que suman satisfacción resultan valiosas para entender y predecir resultados electorales. En un capítulo sobre "Felicidad y comportamiento electoral", se evalúa si una población feliz es más proclive a votar al partido gobernante o a apoyar a candidatos autoritarios o populistas. Si bien la gente menos feliz constituye un mejor caldo de cultivo para propuestas populistas, parece difícil explicar el reciente crecimiento de estas corrientes como correlato de esta insatisfacción. Se sugiere que los triunfos de políticos populistas estarían más ligados a su habilidad para captar votantes infelices en contextos socioculturales que los favorecen.

El efecto que una gestión de gobierno pueda tener sobre el bienestar no resulta fácil de separar de la influencia de otro cúmulo de cuestiones que acontecen simultáneamente, se afirma en el WHR. La brusca caída de la Argentina en el ranking refleja, en todo caso, un clima ciudadano enrarecido como el que hoy nos atraviesa. Una nación sin la cohesión necesaria para superar las crisis y recuperar para todos mayores niveles de bienestar enfrenta un desafío inexpugnable. La felicidad en solitario es una utopía. Solo cuando se comparte la felicidad se multiplica.

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