Gobernabilidad, prudencia y sensatez

El Gobierno se halla ante la celada de atender los reclamos de las mayorías expresadas en las PASO y de evitar, paralelamente, la acentuación del déficit
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8 de septiembre de 2019  

El difícil momento que vive el país obliga más que nunca a reflexionar sobre él con sensatez. La situación exige levantar la mirada por sobre las pasiones del momento; liberar calles y otros espacios públicos del triste espectáculo perpetrado por quienes los ocupan en desmedro del resto de la población es lo menos que puede pedirse en circunstancias cruciales. Nada es fácil para nadie, desde luego, cuando se enfrenta un proceso electoral que llama la atención mundial por las consecuencias que pueda generar su desarrollo; cuando deben esperarse 50 días más para la primera vuelta electoral, mientras los contendientes principales se miden uno al otro como si la competencia ya se hubiera formalizado legalmente; y cuando el Gobierno debe navegar, entretanto, en aguas encrespadas desde que la compulsa del 11 de agosto, realizada en primarias abiertas, produjo un fortísimo impacto económico y financiero, político y social en escala directamente asociada al fracaso estrepitoso de las encuestas de opinión pública.

Esa repercusión se ha hecho sentir de modo esencial en los mercados. Pero ¿qué son estos sino la suma de todos nosotros, habitantes del territorio nacional, más los dirigentes y entidades de cualquier orden actuantes en el plano internacional, y capacitados, al margen de las distancias, para gravitar sobre el curso inmediato del país?

No deja de ser notable el sentido de prudencia manifestado hasta aquí por los sectores más vulnerables de la población y acostumbrados a desenvolverse con independencia de los movimientos de agitación social que actúan, en rasgo peculiarísimo de la Argentina, con subsidios del Estado contra el que se desmandan a menudo.

Una actitud parecida a la de aquellos ha asumido la clase media, sobre la cual ha recaído el costo por la necesidad del Gobierno de aumentar las facturas de los servicios públicos. Han sido evidentes las pruebas de que en los rubros correspondientes a los suministros de energía, gas y agua el gobierno kirchnerista había dejado un cuadro imposible de sostener en el tiempo. Aún rigen en algunos de esos rubros subsidios públicos, incluido el caso del transporte. Esto ha sido consecuencia de las mismas políticas demagógicas que, al tiempo de demoler al Estado en su aptitud de servir con eficiencia a la sociedad en educación, justicia, salud, infraestructura y defensa, agrandaron, de forma inaudita, las plantas de empleados de los gobiernos provinciales y municipales. Quienquiera que sea el presidente a partir del próximo 10 de diciembre, ¿alguien cree que será viable un país condicionado por esa elefantiasis burocrática?

Tal irresponsabilidad se ha prolongado durante los tres años de ejercicio de la administración de Macri. Este se halla ahora ante la celada de atender los reclamos implícitos de las mayorías expresados en las urnas y de evitar, paralelamente, la acentuación del déficit fiscal primario corregido.

Otro mensaje que no debería desoír el Gobierno es el referido al importante caudal del electorado, alrededor del 32%, que lo acompañó el 11 de agosto, seguramente por razones que trascendieron la coyuntura económica, dura para todos sin excepción. Ese vasto sector de la sociedad finca sus pronunciamientos en función de la recuperación de la idea de república que emana de los postulados de la Constitución. Ahí anida la Argentina en posición de condenar por principios la corrupción escandalosa en los negocios públicos del país en que se involucraron gobiernos anteriores, y que relega, porque tal vez se sienta más liberada que otros por urgencias materiales, a un segundo lugar la percepción de si esa corrupción fue además funcional o no a la pérdida generalizada del poder adquisitivo de la población.

El plan del gobierno de Macri de instaurar reformas de base en temas de institucionalidad, saneamiento de las finanzas públicas, modernización de la estructura administrativa y restablecimiento del espíritu competitivo frente al exterior fue parte de la sensibilidad con la cual votaron en las PASO quienes días después se movilizaron a la Plaza de Mayo en su apoyo. Fueron ellos quienes con más entusiasmo celebraron las mejoras habidas en la red caminera y en el transporte aéreo, ferroviario y terrestre, y que han contribuido a fortalecer la voluntad de que la Argentina vuelva a ser ámbito atractivo para las inversiones extranjeras. Saben que aquello de "vivir con lo nuestro" ha sido parte de un delirio de resultados harto comprobables en más de sesenta años de tiranías castristas.

Se supone que los gobernantes deben estar dotados de una sabiduría apropiada a la magnitud de la tarea que asumen. Mucho más en una situación como la actual, en la que se debe pensar en dos propósitos centrales. El primero es llegar con la mayor prestancia política al 10 de diciembre. El segundo, de naturaleza no inferior, impone al Presidente contribuir a que en los comicios del 27 de octubre los candidatos a diferentes cargos electivos de las fuerzas que lo respaldan logren el mayor éxito posible en esta encrucijada. Según los resultados de octubre se configurará la gobernabilidad de los próximos años, no la de los próximos días o meses.

Que Macri alcance al mismo tiempo ambos objetivos demandará una prestación excepcional de sabio equilibrio a su cargo y, por qué no decirlo, de lo que la Providencia haga con generosidad por los argentinos.

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