Gobierno y barras bravas

El oficialismo trata de captar a las hinchadas violentas con fines políticos y les ofrece, a cambio, viajar a Sudáfrica
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30 de noviembre de 2009  

Es alarmante la intención de sumar al oficialismo a la agrupación denominada Hinchadas Unidas Argentinas (HUA), ni más ni menos que una asociación de barras bravas movilizadas por el exclusivo interés de obtener prebendas con las cuales solventar el viaje a Sudáfrica, el año próximo, para asistir a la rueda final del Campeonato Mundial de fútbol.

Los barrabravas, incorregibles oficiantes del vandalismo mal disfrazado de pasión futbolística, han sido asiduos concurrentes a las instancias decisivas de aquella competencia. Hasta el momento, lo habían logrado mediante las contribuciones de los propios futbolistas, muchas veces sometidos a sus presiones y amenazas, y las solapadas ayudas de clubes y dirigentes que si por delante los critican y niegan, por detrás están atentos a satisfacerlos para mantenerlos bajo su control y utilizarlos políticamente.

Ahora los mismos barrabravas aspiran a juntarse con recursos estatales y el Gobierno mira con buenos ojos hacerse cargo de esa contribución.

Era previsible que una aspiración turística de esa magnitud, encarnada en sujetos para quienes son letra muerta las leyes, las normas de convivencia e, incluso, la más mínima noción de respeto por el prójimo, iba a encontrar oídos atentos en un oficialismo probadamente autoritario y desprejuiciado.

Es tan tentador el presunto premio que aquí se ofrece que los pretendientes se han multiplicado en forma vertiginosa. A las barras bravas de los clubes de primera división -excepción hecha de las de River Plate y Boca Juniors, al parecer autárquicas- se les han sumado las de muchos de los conjuntos que militan en la Primera B Nacional y la Primera B Metropolitana. Como inspirador y aglutinador de esta empresa peregrina aparece el dirigente kirchnerista Marcelo Mallo, autoconfeso fundador de la HUA, militante del justicialismo y presunto simpatizante del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en cuya intendencia del partido de Quilmes se desempeñó como director de Bromatología .

Según Mallo, la HUA no persigue beneficio ni ventaja alguna, ni espera que el Gobierno le pague viaje alguno; en realidad, la curiosa entidad pretendería, de acuerdo con el mismo vocero, erradicar "la violencia del fútbol".

Curiosa teoría correccional: para que la violencia deje de ser la pesadilla de quienes en vano aún aspiran a poder concurrir en paz a los estadios, son convocados los personajes más tenebrosos y violentos del más popular de los deportes. No hace falta refrescarle a la sociedad cuáles son los atropellos distintivos de las barras bravas y de sus integrantes, desde la venta de drogas, el amedrentamiento, la desobediencia como regla, la más descarada resistencia a la autoridad, hasta el tráfico de entradas falsificadas y el control compulsivo del estacionamiento de automóviles en los alrededores de los estadios.

Son nada creíbles las afirmaciones de que el Gobierno se abstendrá de financiar al turismo barrabrava. Si así fuese, no tendrían explicación alguna las banderas de la HUA que aparecen en las tribunas junto a símbolos del kirchnerismo y el infaltable pingüino. Mallo ha revelado su aspiración a convertir a la HUA, algunos de cuyos afiliados suelen aparecer en visitas oficiales ocupándose de la seguridad, en una agrupación política de la interna justicialista.

Este proyecto carece de seriedad, es imprudente y atenta contra el sentido común. La Argentina, necesitada de recuperar la consideración y el prestigio que están siendo dilapidados por sus gobernantes, requiere imperiosamente lo contrario.

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