La buena salud del arte

El éxito de arteBA coloca a Buenos Aires entre las principales ciudades del mundo en materia de ferias de arte
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30 de mayo de 2009  

En tiempos de malhumor colectivo, de zozobras múltiples y hasta en medio de una pandemia cuyas derivaciones finales sobre la población (en particular, la población infantil) son todavía difíciles de precisar, el arte ha vuelto a ser el remanso abierto en la ciudad para deleite y estímulo del espíritu.

Una vez más ha sido reconfortante disfrutar a Buenos Aires como escenario cultural del primer orden mundial. De pie frente a las adversidades políticas y económicas que conspiran contra los mejores esfuerzos creativos. Apenas ha cerrado sus puertas en el predio de la Rural, en Palermo, la 18» edición de arteBa, pero es innecesario esperar más para juzgar, sin medias tintas, que el balance ha sido realmente satisfactorio.

Haber movilizado a 125.000 visitantes, más que en cualquier otra muestra anterior, y logrado que los expositores, bien que sin alcanzar nuevos récords, hubieran puesto en manos de adquirentes un número razonable de obras de artistas en ascenso, debe llamar la atención sobre la valía ya consagrada de arteBa. Ella se encuentra desde hace años a la altura de las grandes ferias de galerías del extranjero.

Con los resultados últimos a la vista, habrá de esperarse que el presidente de la feria, Facundo Gómez Minujín, y su equipo, perciban el aliento necesario a fin de que la versión del año próximo adquiera el contenido y las proporciones apropiadas para convertirla en un acontecimiento acorde con el bicentenario de la Revolución de Mayo. Hay, por lo demás, un arte colonial y patrio, para reunir y exponer a la consideración ciudadana como manifestación de los días en que se gestó la nación.

Cuando se habla de arteBa, de sus realizaciones, continuidad y éxitos como los que han estado a prueba en los días de la muestra que reunió a decenas de galerías y obras de ochocientos artistas, siempre cabe una palabra de agradecimiento a quienes estuvieron involucrados, de manera decisiva, en el jalón inicial de esta experiencia, que enorgullece a todos los argentinos.

En el nombre de Jacobo Fiterman, el fundador, puede resumirse ese recuerdo para todos aquellos que en 1991, desde el Centro Cultural Recoleta, con escasos recursos materiales pero con imaginación y energía envidiables, pusieron en marcha lo que ha constituido, al cabo casi de dos décadas, un acontecimiento perdurable y en permanente crecimiento.

No pocos fueron los visitantes extranjeros que se hicieron presentes en los pabellones de la Rural atraídos por un prestigio afirmado con los años y el conocimiento de que la creatividad del arte latinoamericano a la cual se dedica la feria es un fenómeno que se recrea de año en año, generación tras generación, según se hace cargo la crítica internacional. Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, entre otros países, estuvieron representados en esta muestra que tuvo, entre sus puntos más altos, el homenaje a tres grandes artistas: Rómulo Macció, Alejandro Puente y Luis Felipe Noé, este último a días de participar de la bienal de Venecia.

ArteBa es el eficaz puente abierto a todas las dimensiones de la creatividad artística: desde el espacio de los artistas y el público a las galerías, los museos, la crítica. El hecho de haber sido gestada en Buenos Aires reconforta el espíritu ciudadano como ejemplo de lo que puede alcanzarse. Y, también, por el impulso que ha sabido articular como estímulo a los fervores artísticos juveniles a través del capítulo Barrio Joven y por la aproximación armoniosa que ha suscitado de parte de instituciones públicas y de las empresas sin cuyo concurso activo poco de todo esto sería posible.

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