La lucha contra los "trapitos"

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2 de marzo de 2019  

Para todos aquellos que buscan estacionar su automóvil, especialmente cerca de un centro gastronómico o en las adyacencias de algún evento, la figura de los llamados "trapitos" o cuidacoches aparece, casi siempre, como un fantasma que, en muchos casos, se transforma en una extorsión, pues se coacciona al conductor a entregar un monto de dinero para cuidar un vehículo. Aunque esto último difícilmente se cumple. Es más, esa coacción ha derivado en varias ocasiones en una agresión física contra el automovilista al momento de resistirse a pagar por algo que es gratuito: el estacionamiento en zonas habilitadas. En otras oportunidades, la negativa de los conductores a entregar ese dinero deviene en la depredación o el saqueo violento de los coches una vez retirados sus dueños del lugar.

Este lamentable escenario debería cambiar de una vez por todas dado que, luego de más de una década de debate sobre el tema, la Legislatura porteña logró reformar el Código Contravencional con el objetivo de avanzar contra esta actividad ilegal.

La ley ya está vigente, como hemos comentado recientemente desde estas columnas. Sin dudas, representa un paso adelante, pero ahora viene una etapa fundamental: verificar que se aplique, hacerla cumplir. Y no solo durante la realización de grandes eventos con concurrencias multitudinarias. En zonas populosas, donde conseguir estacionamiento es difícil; en los alrededores de terminales de ómnibus, de hospitales, estadios, centros comerciales o educativos se siguen registrando aprietes a personas y daños a vehículos por parte de quienes no han tomado nota de la existencia de la ley o poco les importa que se haya prohibido la actividad que persiguen desarrollar.

Como se recordará, la norma aprobada a fines de 2018 prevé la aplicación de multas y otorga el marco legal necesario para el accionar policial, que, de esta forma, podrá actuar no solo contra las personas que cometen esa transgresión, sino contra las organizaciones que las impulsan a lucrar con el espacio público. Desde ya que resulta imposible contar con un uniformado en cada calle de la ciudad para controlar la aplicación de la ley, razón por la cual la colaboración de la ciudadanía deviene fundamental.

En el caso del mal estacionamiento o la obstrucción de ochavas, las denuncias de los vecinos han sido y son fundamentales para liberar el espacio público y multar a los infractores. Igual actitud deberá tomarse respecto de los "trapitos". Hoy, el ejercicio de esa actividad está prohibido, salvo para quienes cuenten con la tarjeta azul, que otorga el gobierno porteño a personas con capacidades diferentes y a jubilados.

Con este nuevo marco legal no hay impedimentos para desterrar esta actividad ilegal, que quita libertad a los ciudadanos y beneficia los bolsillos de organizaciones o individuos que lucran sobre la base de la intimidación, la extorsión y el miedo. Velar por el cumplimiento de las normas es una responsabilidad que nos atañe a todos como sociedad.

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