La memoria del cine argentino

Con la sede definitiva para el depósito del Museo Pablo Ducrós Hicken, se ha dado un trascendental paso para la conservación del acerbo artístico
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30 de abril de 2014  

Después de mucho deambular y de superar grandes dificultades, el depósito del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken logró por fin una sede definitiva para su valiosa colección de películas, que requiere rigurosas condiciones para la conservación de ese tesoro fílmico.

Se trata de un hecho digno de destacar en un país que no siempre se ha caracterizado por la cuidada conservación de su acerbo histórico y artístico.

Como informó LA NACION, para tener en cuenta el valor de lo que atesora el depósito del museo, es necesario mencionar que no sólo se trata de casi 65.000 latas de películas producidas en la Argentina, sino también de 1365 guiones cinematográficos, centenares de afiches de las películas, colecciones de fotografías, partes de escenografías, vestuarios, proyectores, cámaras filmadoras y una biblioteca de 6000 libros y revistas, abierta al público. Existe una sala dedicada exclusivamente a toda la producción del noticiero Sucesos argentinos, que se difundió entre 1937 y 1979.

El museo, uno de los más grandes del país en diversidad de objetos, debe su nombre al periodista, académico e investigador Pablo C. Ducrós Hicken. Se creó en 1971, dos años después de su fallecimiento, con el legado de su colección particular. Desde entonces, el museo funcionó en cinco sedes, desde el Teatro Municipal General San Martín hasta arribar a Caffarena 51, en La Boca, su sede actual.

A pocos centenares de metros se halla el flamante depósito. Como los cambios de la temperatura y la humedad son los peores enemigos de las películas, fue preciso acondicionar las salas a las necesidades de las películas -las hay de 35 mm, 16 mm, súper 8, 9 1/2 y 8 mm- para que se mantengan a temperaturas constantes de entre 17° y 18°5 y con un 40 por ciento de humedad. Se trata de normas internacionales para este tipo de archivos e incluyen elementos de protección para los empleados que deben manipular esos materiales, como guantes, delantales y máscaras.

El nuevo destino de la valiosa colección se debe a la preocupación, en 2012, de buena parte de los integrantes de la Comisión de Cultura de la Legislatura porteña.

Se trata de un verdadero logro, de esos que no dan rédito político, pero tienen una mayor trascendencia, pues la cinematografía no sólo constituye un arte. Es, también, un soporte en el que se conservan la memoria de un país, su cultura y sus costumbres.

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