La reducción de la burocracia es necesaria y posible

(0)
3 de diciembre de 2019  

La opinión pública ha manifestado sus críticas a la sobreabundancia de asesores y empleados en ambas cámaras del Congreso Nacional. Con pocas excepciones, se han conocido casos de legisladores que hacen gala de su espíritu crítico, pero que no han tenido empacho en abusar de nombramientos, pasajes, viáticos y otras canonjías. El reconocido economista Roberto Cachanosky dio a conocer esta situación mostrando que el gasto por legislador nacional en la Argentina es 10 veces mayor que el de España. Hay alrededor de 11.000 empleados para 329 legisladores. Es un número imposible de justificar.

El desmesurado gasto de la política, como el del Congreso, genera desaliento en contribuyentes y por su efecto demostración contamina el resto del aparato estatal. Debe corregirse, pues es sobre todo un pésimo ejemplo de quienes justamente deben darlo.

El exceso de personal en el Estado cae pesadamente sobre la sociedad. Es causa principal de un gasto público insostenible, que a pesar de una elevadísima presión impositiva ha requerido endeudamiento y emisión. La consecuencia ha sido el default y la inflación, además de reducir la competitividad de todo el sistema productivo. En estas condiciones se han desalentado la inversión y la creación de empleo. En definitiva, el exceso de burocracia estatal es una causa principal de la pobreza. Lo paradójico es que es común creer que la pobreza se puede reducir dando mayor empleo público o subsidios sociales. Gran parte de los gobernantes de nuestro país han actuado según esta creencia y han caminado en el sentido opuesto al que debían. Se ha creado un círculo vicioso que gira en sentido perverso: más Estado, más gasto público, más déficit fiscal, más impuestos, más endeudamiento estatal y menos crédito al sector privado, alto riesgo país y ausencia de confianza, desaliento a la inversión, no creación de empleo privado, más pobreza.

La Argentina debe escapar de ese círculo vicioso y transformarlo en virtuoso. Para eso se requieren reformas estructurales que sean sostenibles y ejecutadas inteligentemente para que sean social y políticamente viables en su ejecución. En esta línea podemos mencionar la reforma laboral -se quiera llamar como se quiera- que permita aumentar la productividad y disminuir el sobrecosto y el riesgo laboral; la reforma impositiva y del régimen de coparticipación federal, y la racionalización de la burocracia estatal. Esta última debe ejecutarse no solo en los tres poderes del Estado nacional, sino también en los provinciales y municipales.

Partiendo con 798.702 empleados nacionales, la gestión del presidente Mauricio Macri consiguió una reducción de 59.563, equivalente a un 7,4% de la planta y a un 16,5% del aumento producido en los 12 años del kirchnerismo. Esa moderada aunque valiosa reducción fue más que compensada por un incremento de 99.900 empleados en provincias y municipios. El acuerdo fiscal federal de 2016 les dio la holgura que aplicaron preferentemente al gasto corriente y no a las inversiones.

¿Es posible reducir la burocracia estatal? Claro que lo es. A pesar de la acotada reducción lograda por el presidente actual, la planta de empleados nacionales en 2019 es superior en un 53% a la de 2003. También entre 2003 y 2019 el número de empleados provinciales aumentó un 75% y un 115% en los municipios. Ninguna razón justifica estos aumentos; por lo contrario, la automatización debería haber permitido importantes reducciones, como ocurre en las administraciones privadas.

Existe un evidente exceso de personal en los tres niveles de gobierno. Esto no significa que necesariamente ese exceso se manifieste en personas que no concurren o que haciéndolo no realicen tarea alguna. Hay de esas dos especies, pero son pocos. Lo que multiplica la burocracia son las ramificaciones innecesarias de los organigramas, la creación de funciones y actividades inútiles, las duplicaciones de tareas y las regulaciones sin sentido. Con fundamento se habla de capas geológicas, en referencia a una práctica repetida en la sucesión de gobiernos. El funcionario que llega no puede contar con los empleados que encuentra, ya que al gozar estos de estabilidad quitan colaboración sin riesgo de despido. Hacen como que trabajan. El nuevo funcionario contrata colaboradores eficientes y leales. Estos, cerca del vencimiento del mandato de su jefe reclaman su incorporación a planta permanente. El reclamo es satisfecho y se vuelven mayoritariamente ineficientes, componiendo una nueva capa geológica.

Hay un solo camino legal para reducir la burocracia. Es el establecido en el artículo 11 de la ley 25.164, que permite la puesta en disponibilidad con mantenimiento del sueldo por 12 meses y la desvinculación posterior con indemnización. Este procedimiento solo se hace posible cuando se elimina el cargo ocupado. Esto es justamente lo que sucede cuando se rediseña completamente la estructura organizativa del gobierno. Menos y nuevos ministerios, menos niveles y unidades administrativas y, en definitiva, menos personal. El camino no es el de mirar cada oficina de la estructura existente y decidir lo que queda. No es aplicable, y si lo fuera generaría una resistencia infranqueable con cientos de argumentos que intentarían justificar cada cargo y cada empleado. El rediseño con la reducción de la estructura del gobierno y el reencasillamiento del personal utilizando el procedimiento de la citada ley encuentra la oportunidad en los cambios de gobierno, cuando los sillones ministeriales están vacíos. Estamos frente a esa oportunidad.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.