Las dos Argentinas

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19 de octubre de 2019  

Si alguien quisiera tomar un discurso como referencia del estado de ánimo de quienes están empeñados de verdad en producir riqueza en el país, deberían remitirse a las palabras que pronunció Leonardo Jones, presidente de la Sociedad Rural de Esquel, en la 42° Exposición Bovina, concentrada en las razas Angus y Hereford y su perfeccionamiento genético, y el 4º Encuentro de Caballos.

No extrañe que aflore en ese texto un estado de hartazgo con el desmadre político y social que ha llevado al país a la situación presente; con ese estado de cosas que ha tomado a la producción agropecuaria como el recurso que enjuague una parte considerable de tanta dilapidación de bienes y de sueños. En lenguaje campero, Jones advirtió: "Para que el carro salga del barro, hace falta que se bajen a cinchar con nosotros los que viven subsidiados y los que viven de la renta financiera". Palabras de protesta y de canto al trabajo, en tiempos en que la evangelización prescinde del mensaje de que debemos ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Acaso por temor a lo políticamente incorrecto; esto es, a lo que incomode a muchos oír.

Nadie que haga fructificar con su esfuerzo personal la tierra en Chubut, o en otras partes del país, podrá discrepar con la airada denuncia de que estamos viviendo una crisis política y económica jamás vista antes. Fotografió en palabras un cuesta abajo que, sumado a la ligereza con la cual se interpreta la raíz de lo que ocurre, se agravará más y más, si no se rectifican los comportamientos colectivos. Ejemplos abundan para demostrar que el Estado se halla saturado de empleados mientras los gobiernos evidencian la incapacidad de generar estrategias de desarrollo sostenido.

Tómese el caso de Chubut, con más de 80 años de percepción de regalías petroleras que debieron haber transformado la provincia con obras de infraestructura y escuelas. Lo que ha logrado, sin embargo, es persistir en desequilibrios fiscales para financiar un Estado torpe y que no cesa de crecer. El resultado de economías provinciales incapaces de frenar el gasto público disparatado y de inculcar que el progreso se logra con sacrificio y esfuerzo, y no con dádivas y recetas mágicas, es, dijo Jones, la descapitalización de los sectores productivos privados, como el campo.

Puso como ejemplo de una mentalidad retardataria, de espaldas a la razón y la ciencia, el caso de que un diputado hubiera propuesto la prohibición del glifosato en la provincia y la Legislatura, sin disidencias ni interés en lo que se iba a votar, lo aprobara. A nadie le importó que se tratara de un agroquímico en uso legal en más de cien países ni nadie se tomó el trabajo de hacer la observación elemental que hizo el orador: "Nuestros hijos viven con nosotros en los campos y chacras y solo un imbécil podría pensar que queremos envenenarlos".

No fue una expresión al descuido, en ese discurso, el comentario sobre cuántos revolucionarios de escritorio hay incapaces de hacer que prospere, en unos pocos metros cuadrados, una huerta propia. Están disponibles, en cambio, para conspirar contra quienes día tras día laboran la tierra y obtienen frutos sin los que la economía nacional padecería aún más de lo que indican las cuentas públicas y el estado de ánimo de la población. O para crear situaciones, como en Costa del Lepá, en las que 50 familias de productores se encadenan a sus chacras pues, si se alejaran por un momento, se las usurpan. Se previenen de los otros revolucionarios, los que acechan a tiempo completo, destruyen con la complicidad política la seguridad personal y jurídica que el Estado debe a los habitantes e impiden que se avance en el Relevamiento de Comunidades Indígenas, según lo previsto en la ley 21.160, a fin de que ningún aventurero invoque títulos falsos y ocupe tierras, como sucede, sin legitimidad y en desmedro de terceros en provincias patagónicas.

Por si hubiera habido alguna duda, el orador aclaró al final que su mensaje estaba destinado a aquel que cría un cordero o planta un árbol; al que toma la pala para hacer un canal y llevar el agua a hombres y haciendas; al que siembra una semilla, al que ensilla un caballo para recorrer el campo o busca que arranque el tractor por las mañanas, y a todos aquellos "que sienten que la tierra y el trabajo lo levantan y dignifican cada día...".

No una grieta, sino un abismo, entre dos Argentinas.

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