Los aportes del campo a la economía nacional

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8 de junio de 2019  

La reconocida Escuela de Administración y Negocios (IAE) de la Universidad Austral ha hecho un aporte a la sensatez política y a la veracidad informativa con la que se nutre la población. Lo ha hecho al publicar recientemente un trabajo sobre la inmensa gravitación del campo en el desenvolvimiento económico del país. La obra, firmada por Guillermo D'Andrea y Alejandra Groba, salda, desde la perspectiva académica, una parte considerable de la deuda social respecto de importantísimos logros de los productores agropecuarios.

Que estos marchan con índices de productividad a la cabeza de quienes movilizan a diario en el país esfuerzo y capitales en la gestación de negocios de cualquier tipo no puede dudarlo nadie de buena fe que siga con mínima atención las cuentas públicas. Pero esa contribución notable se halla a menudo empañada por voces ideologizadas o radicalizadas, desafectadas de la actividad agropecuaria y del coraje con el cual los hombres de campo suelen polemizar en defensa de sus intereses ante adversarios. No bajan el tono de la argumentación aun cuando estos ejerzan con modalidades autoritarias posiciones de gobierno. Sería difícil pensar en otros sectores del empresariado animados de igual espíritu de lucha que el asumido por el campo para enfrentarse en 2008 con la resolución 125 o con la política del violento secretario de Comercio Guillermo Moreno, que ocasionó desastres en la política ganadera nacional.

El trabajo del IAE documenta que en 2018 se movilizaron en el territorio nacional 95,6 millones de agrograneles a los 6 principales complejos portuarios. Eso involucró el desplazamiento de 2 millones de camiones, 205.000 vagones, 6400 barcazas y casi 2800 buques. La mano de obra fomentada por el campo se encuentra también allí, como en la industria metalmecánica y de maquinaria agrícola o en la que elabora cepillos de dientes y materiales para construcción de casas, productos químicos y medicinales, entre otros derivados del aprovechamiento de la biogenética asociada a la explotación del suelo.

¿Qué es eso de que el campo es sinónimo de soja, nada más? De los 39 millones de hectáreas sembradas en la Argentina en 2018 en una extensión superior a las 35,7 millones de hectáreas de todo el territorio alemán o a los 37,8 millones por las que se expande Japón, la distribución de lo sembrado, entre los 16 principales cultivos, fue: soja, 17.350.000 millones de hectáreas; maíz, 8.700.00; trigo, 6.290.000; girasol, 1.850.000; cebada, 1.355.000; avena, 1.150.000, y sorgo, 500.000.

Ahora quien ha expuesto juicios críticos sobre las modalidades de la producción agropecuaria en la Argentina es el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Raúl Zaffaroni, tan cuestionado últimamente por haberse sumado, según sus críticos, a los más trasnochados del kirchnerismo, aquellos que proclaman la necesidad de que desaparezca la Justicia independiente e imparcial. Zaffaroni ha dicho que la Argentina es el país con el mayor uso per cápita de glifosato, un fitosanitario de aplicación en bastante más de 110 países en el mundo y que ha sido aprobado por las autoridades más exigentes en cuestiones sanitarias.

Desde luego, cometería un error el doctor Zaffaroni, que alguna explicación debe al país sobre el acrecentamiento del número de delitos contra personas y bienes por la laxitud abolicionista recomendada en sus sanciones por parte del Estado, si probara en una copa la toxicidad del glifosato. Le caería muy mal e, incluso, advertirá efectos indeseables sobre el ambiente si se anima a utilizarlo como fitosanitario en aplicaciones sin control alguno sobre los suelos y sin seguir los recaudos que exigen las autoridades y recomiendan los profesionales, las organizaciones agropecuarias y los prospectos que acompañan los productos.

Un cambio en la política oficial ha bastado para que haya sido considerable desde 2016 el aumento de la implantación de gramíneas, que tanto contribuyen al equilibrio agronómico. A tal punto ha sido así que la campaña 2018/2019 se proyecta con una producción récord de 145 millones de toneladas de cereales y la particularidad de que el maíz prevalecerá por sobre la soja: 56 millones de toneladas contra 55,9 millones.

El país debe agradecer al campo no solo porque algo más de la mitad de cada dólar por exportaciones nacionales proviene de los agronegocios (0,55). Es tributario de los beneficios de una actividad agroganadera e industrial que se expresa en más de 30 cadenas, desde las de carnes bovinas y aviares hasta las de caña de azúcar, yerba mate, cítricos, lácteos, vitivinicultura, aceites y harinas, entre tanta otras sin cuya generación de riqueza no estaría precisamente la Argentina mejor de lo que está.

Pocas virtudes enaltecen y estimulan más que la del agradecimiento. Gracias al sector más dinámico de nuestra economía. Y gracias también al IAE por este excelente trabajo que esperemos que ayude a derribar las mentiras y los prejuicios que algunos políticos han sembrado con éxito en las grandes ciudades.

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