Malvinas: reinterpretando el conflicto

Ninguna acción militar puede ser exitosa cuando se parte de premisas estratégicas erróneas, como sucedió en la guerra del Atlántico Sur
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5 de abril de 2019  

A 37 años de la Guerra de las Malvinas , aún resuena la interpretación de que sufrimos una derrota militar sin atenuantes, a causa de la incapacidad e imprevisión de las Fuerzas Armadas.

Ante todo, cabe recordar que quienes decidieron la guerra lo hicieron partiendo de tres premisas: que el Reino Unido no reaccionaría militarmente para recuperarlas; que, en caso de hacerlo, los EE.UU. no los acompañarían, y que, de hacerlo, Rusia y China iban a intervenir desde el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para impedir esta intervención.

Esta compleja apreciación estratégica desconocía dos premisas diferentes: por un lado, la histórica alianza entre EE.UU. y el Reino Unido, y por el otro, el hecho de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en la que el Reino Unido era la segunda potencia, no podía aceptar que su peso y su rol de disuasión se vieran mundialmente afectados por una derrota frente a la Argentina.

Ninguna acción militar puede ser exitosa a partir de premisas estratégicas erróneas y esto es lo que sucedió en la Guerra de las Malvinas.

Para sorpresa de muchos, el desempeño militar de las Fuerzas Armadas argentinas mostró logros importantes, que han sido más reconocidos fronteras afuera que dentro del país. Uno de los generales británicos que combatió en las islas escribió un libro sobre el conflicto cuyo título es por demás elocuente: No fue un picnic. Se refería al hecho de que había sido un conflicto cruento y que ganar esta guerra implicó un esfuerzo importante y atravesar momentos muy difíciles.

Si, a comienzos de 1982, se hubiera realizado un ejercicio teórico acerca de cuántos días de combate podía sostener una brigada del Ejército Argentino integrada por soldados conscriptos, enfrentada a otra de la segunda potencia militar de la OTAN, la respuesta hubiera sido que pocos días. Sin embargo, combatieron valerosamente durante más de un mes y medio.

Los estudios realizados, entre otros, por estadounidenses, británicos y rusos sobre este conflicto militar, lejos de concluir que la actuación argentina fue desastrosa, revalorizan la actuación y el rol de nuestras fuerzas.

Algo similar ha sucedido con el llamado Informe Rattenbach, ordenado por la última Junta Militar, que sustituyó a la que decidió ir a la guerra.

Este informe, que investigó las responsabilidades en el conflicto bélico, fue difundido parcialmente durante el gobierno de Raúl Alfonsín. En los párrafos elegidos para ser difundidos en aquel momento, se daba una visión crítica de la actuación militar argentina. A comienzos del siglo XXI se hizo público el informe en su totalidad. La lectura del documento completo muestra una valorización positiva de lo actuado por las Fuerzas Armadas argentinas en el enfrentamiento.

Reconoce errores en la conducción, especialmente la falta de una acción conjunta efectiva, pero al mismo tiempo destaca y pondera la valentía, decisión y voluntad con la cual cumplieron su misión la mayoría de los integrantes de las Fuerzas Armadas argentinas que participaron en el conflicto.

En conclusión: la Guerra de las Malvinas se perdió por una conducción estratégica equivocada y no por falencias, limitaciones o errores del personal que integraba las Fuerzas Armadas en aquel momento, el que, pese a las enormes dificultades enfrentadas, fruto en gran parte de una inocultable disparidad, sobresalió por sus capacidades y logros en una actuación que los argentinos debemos revalorizar.

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