Más egresadas que egresados

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28 de febrero de 2015  

En la escuela secundaria argentina cursan más mujeres que varones y, en consecuencia, hay más egresadas mujeres al término del ciclo. Esta diferencia, que se incrementó en los últimos diez años, surge de distintos informes conocidos recientemente, provenientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Unesco.

En el mundo, son muchos los sistemas educativos que tienen mayor tasa de escolarización femenina. Sin embargo, para la OCDE, que analiza el comportamiento de las seis metas de Educación para Todos fijadas para este año, la Argentina está prácticamente a la cabeza de la brecha porque en nuestro país la diferencia es del 12,6 por ciento a favor de las mujeres, y en los países que le siguen en la lista -de un total de 65- es mucho menor: Israel (8%), Irlanda (5,6%) y Nueva Zelanda (5,1%); en los países desarrollados, la diferencia promedio es del 2,2%.

Para la Unesco, hay un hecho fundamental para destacar y es que alrededor del 70% de los países habrán alcanzado este año la paridad de género. Independientemente de este logro, también se hace notar que es en América latina en donde la tendencia marca que son los hombres los que se ven más perjudicados, sobre todo en el nivel secundario. Y agrega que, para la Argentina, la situación además se ha deteriorado muy rápidamente, ya que así como en 1999 había 95 hombres por cada 100 mujeres en la escuela secundaria, en 2010 había sólo 90.

Las estadísticas deben ser leídas con mucho detenimiento, porque lo que por un lado podría ser muy positivo, como el hecho de que las mujeres hayan accedido de manera plena a la educación secundaria -situación que se repite, también, en los niveles terciarios-, no redunda, sin embargo, en un beneficio para el país. El hecho de que los varones dejen de ir al colegio obedece mayormente a su necesidad de salir a trabajar y a que, paradójicamente, los contenidos que se les brindan en el nivel secundario tampoco implican una salida laboral segura. Es decir que la escuela no logra atraerlos para que sigan estudiando ni logra capacitarlos lo suficiente para encontrar un primer trabajo.

En cuanto a las mujeres, tampoco hay que olvidar que un importante porcentaje de las que abandonan los estudios secundarios y dejan de estudiar lo hacen porque se embarazan y ven dificultades para seguir estudiando siendo madres a la vez. Tampoco hay que olvidar que aunque las mujeres han sido quienes progresaron más en sus niveles educativos en los últimos treinta años -y hoy tienen más años de educación formal que los varones-, no han logrado por eso una mayor igualdad en el ámbito laboral a la hora de obtener un salario igualitario.

Estas estadísticas, tan coincidentes con respecto a la Argentina, vuelven a llamar la atención sobre el nivel de la educación local y el grado importante de deserción escolar, lo que nos vuelve a invitar a repensar este problema y sus posibles soluciones.

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