Moyano, ejemplo de la degradación

En su desesperación por escapar de la Justicia, el líder sindical amenaza a la sociedad y a un gobierno que no reacciona
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19 de marzo de 2011  

Por si quedaba alguna duda, Hugo Moyano terminó por desnudar su concepción del poder y de la Argentina que él quiere para sí y para todos nosotros: un país del cual él es amo y señor con la seguridad de hallarse a salvo para siempre del brazo de la Justicia y de las críticas e investigaciones de un periodismo al que puede amenazar y mantener amordazado.

Pero esta verdadera cara del líder de la CGT no es más que el reflejo en el espejo -un reflejo esperpéntico y matonil- de la genuina esencia del gobierno que lo prohijó con una mezcla de servilismo y temor hasta terminar siendo víctima de las amenazas de su creatura.

Bastó un pedido de informes de la justicia suiza sobre las investigaciones en curso en nuestro país sobre el líder de la CGT y sus familiares para que Moyano convocara a un paro de camioneros pasado mañana -al que habían adherido los gremios de colectivos, taxis, ferrocarriles, aviones y barcos- y una movilización de trabajadores a la Plaza de Mayo en su defensa. Luego, dejó en suspenso ambas medidas tras gestiones del Gobierno, con lo cual la amenaza se mantiene.

El pedido suizo es un trámite preliminar en una investigación sobre una transferencia de dinero que habría terminado en la empresa recolectora de basura Covelia, que podría esconder, o no, una operación de lavado de dólares.

Ni Moyano ni sus familiares están siendo investigados en el país helvético, pues ellos no figuran como dueños de Covelia. Sin embargo, la reacción fuera de toda medida del sindicalista indica que podría tener fundamentos la extendida sospecha de que la firma pertenece a Moyano, sospecha que varios intendentes del conurbano bonaerense dan por confirmada tras haber recibido presiones del líder de la CGT a favor de Covelia.

Que el sindicalista más poderoso agite la amenaza de un paro nacional que nada tiene que ver con razones laborales tornaría absolutamente ilegal ese paro. Que lo haga por simples razones económicas personales, y que éstas consistan en un pedido de información de otro país, muestra hasta qué extremo de degradación ha llegado esa letal combinación de sindicalismo, política y negociados que durante décadas ha fomentado el peronismo hasta crear una corporación monstruosa que pone el país a su servicio.

Desde ya que el pedido suizo ha sido sólo un detonador para la reacción irracional de Moyano y algunos de sus laderos en la CGT. Por detrás se encuentran las investigaciones de la justicia argentina que acorralan día a día al dirigente y que han enviado a otros jerarcas sindicales a la cárcel. Y está también su desmedida ambición política.

Moyano extorsiona al Gobierno y a la sociedad. El Gobierno le teme y calla aumentando el temor de la ciudadanía. El Gobierno calla ante la irracionalidad del dirigente y calla ante la inconcebible amenaza a la prensa, que la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) calificó ayer de "patoteril", y consideró que "constituye uno de los episodios más graves para la libertad de expresión en democracia".

Facundo Moyano, hijo del líder y secretario general del Sindicato Unico de Trabajadores de los Peajes y Afines (Sutpa), reforzó las amenazas al sostener ayer que "todos los funcionarios del Gobierno y todos los ministros tendrían que estar apoyando esto porque están tocando los intereses de todos". No es cierto. Los intereses que se habrían tocado son los de los Moyano, no los de los trabajadores, como él pretende hacer creer.

Del control monopólico del transporte de cargas, su padre ha saltado al paulatino control del aparato peronista y, en pleno salto, no vaciló en hacer ostentación de su poder, desafiando a la Corte Suprema de Justicia, a la que calificó de reaccionaria. El sindicalista se siente por encima de todo y de todos, incluyendo a la Justicia. Los tres poderes del Estado, la oposición y la sociedad deben reaccionar. Nadie puede encaramarse por encima de la ley y la Justicia.

Mantener el silencio y seguir negociando para procurar aplacar a Moyano equivale a terminar de rendirse ante un poder que nada tiene que envidiarle al de las mafias y que crece porque nadie le pone freno, ejemplificando la degradación de nuestras instituciones.

Si los tres poderes no reaccionan, serán rehenes de ese otro poder y arrastrarán consigo a la sociedad a la misma condición de rehén.

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