No hay edad para aprender

Urge formular políticas tendientes a incluir y dar respuestas a las necesidades de un sector cada vez más activo y demandante
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4 de noviembre de 2019  

Hemos abordado reiteradas veces las distintas aristas que el creciente envejecimiento poblacional presenta en las sociedades. El prestigioso Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que trabaja en alianza con la Fundación Navarro Viola y el Banco Supervielle, difundió un documento titulado "La capacidad de aprender en las personas mayores". Por lo general, reseña, son temas como la salud y los cuidados los que habitualmente más se vinculan con este segmento, pasando por alto que un envejecimiento saludable demanda atender múltiples cuestiones.

Bajo la dirección de Agustín Salvia, el estudio realizado entre adultos de más de 60 años reveló que casi el 30% tenía deseos de aprender una amplia variedad de disciplinas. Esta tendencia no presentó diferencia según el género, aunque disminuyó progresivamente con la suba de la edad. Sin embargo, incluso después de los 75 años, un 23% expresó su interés por seguir aprendiendo algo.

El imaginario social asociado con los adultos mayores se muestra desactualizado. Hoy, desde los nuevos paradigmas, se reconoce que se trata de una etapa de la vida en la que el interés se mantiene despierto, con avidez por disfrutar de las cosas buenas de la vejez. Dentro de este universo, los miembros de hogares integrados por parejas adultas mayores independientes se destacan por ser quienes más potencian seguir aprendiendo o estudiando, no tanto quienes han debido mudarse con sus hijos y dependen económicamente de ellos.

Siempre hay tiempo para canalizar la curiosidad
Siempre hay tiempo para canalizar la curiosidad Fuente: LA NACION

Los resultados del estudio reflejaron además que quienes alcanzaron mayores niveles educativos -secundario completo y más se mostraron más interesados por seguir aprendiendo. La estratificación económico-social impacta también, pero, incluso entre los que integran los segmentos más bajos, uno de cada cinco expresó que estudiaría algo de contar con esa posibilidad. Tener un proyecto es clave. Si bien los contenidos por asimilar pueden ser importantes, también lo es obligarse a salir; disfrutar de la sociabilización, conocer pares nuevos, pero también conectar con los más jóvenes, todo lo cual contribuye a reducir la soledad y el aislamiento.

Peluquería, costura, tejido, historia de la filosofía, psicología, idiomas y teatro son solo algunas de las disciplinas que captan entusiastas adeptos. Sin embargo, son la música y las artes visuales las actividades más escogidas. Aprender idiomas, mayormente inglés, cosecha preferencias, y entre quienes manifiestan su deseo de acceder a carreras universitarias, Derecho y Medicina son las más citadas.

El relevamiento también confirmó que la oferta disponible es insuficiente: del 30% que mostró interés por aprender, solo el 10% tuvo una experiencia de aprendizaje en el último año. Traducido en cifras, 700.000 mayores accedieron a propuestas, alrededor de la mitad ofrecidas por el ámbito privado, un 41% por el Estado y el resto a través de ONG.

Del convenio entre el PAMI y las universidades nacionales nació, hace diez años, Upami. Con una oferta rica y permanente de cursos, este programa sigue creciendo. Lamentablemente, solo quienes viven en alguno de los 50 centros urbanos donde se asientan universidades nacionales pueden acceder a las actividades ofrecidas por la órbita estatal. Es necesario que las municipalidades, instituciones religiosas y otros ámbitos en cada localidad fomenten y repliquen la participación activa de los mayores en actividades educativas. Como surge del relevamiento de la UCA, si hubiera más alternativas, habría más interesados.

Adquirir conocimientos y habilidades nuevas, hacer lo que valoramos, lo que activa nuestro entusiasmo, demuestra ser muy importante para conservar el interés y la capacidad de crecer que tanto beneficio reportan en cualquier etapa de la vida. Frente a algunos procesos cognitivos que puedan estar en deterioro, apuntalar el desarrollo emocional y social desde nuevos aprendizajes es altamente beneficioso y también repercute en el plano físico. Las proyecciones demográficas han de servir para diseñar políticas públicas que distribuyan recursos a lo largo de toda la vida, a fin de abonar los sanos sentimientos de satisfacción personal que demandan adultos mayores cada vez más activos. No descuidar la importancia de los programas culturales que favorezcan el uso del potencial creativo, artístico e intelectual a edades avanzadas es también proteger los derechos de un segmento de la población que adquiere cada vez más peso.

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