Obscena corrupción

El escandaloso saqueo del Estado no se agota en las anotaciones del chofer Centeno, que reflejan apenas una porción de los actos dolosos del kirchnerismo
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5 de mayo de 2019  

" Sabemos que si algún muchacho quiere vivir de lo ajeno está bien, pero que lo haga con códigos". La frase del exsecretario de Comercio kirchnerista Guillermo Moreno, pronunciada durante una charla con militantes y viralizada días atrás a través de las redes sociales, revela con elocuencia cuáles son los principios y valores de muchos dirigentes de una fracción política que sigue burlándose de la sociedad. A confesión de parte, relevo de prueba.

La obscenidad de la corrupción que reinó durante las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner sigue quedando cada vez más evidenciada de la mano de los numerosos testimonios derivados de la causa por los cuadernos de las coimas , en los cuales el chofer Oscar Centeno describió con lujo de detalles los operativos de recaudación ilegal de fondos por parte de las máximas autoridades de aquel gobierno.

Pero la corrupción desborda los cuadernos que la expresidenta intenta desacreditar hablando de "la causa de las fotocopias". El escandaloso saqueo de las arcas del Estado no se agota en las anotaciones de Centeno, que son apenas la radiografía de una porción del total de incontables actos dolosos perpetrados durante la era kirchnerista. Tampoco termina con las más que reveladoras confesiones del excontador de la familia Kirchner Víctor Manzanares, según las cuales solamente Daniel Muñoz, el recordado secretario privado de Néstor Kirchner, habría movido entre 400 y 800 millones de dólares provenientes de la corrupción en los aviones que viajaban a Río Gallegos. El reciente procesamiento de Cristina Kirchner en la causa que investiga la utilización de aviones de la flota presidencial para el envío de diarios a su casa de Santa Cruz alienta también la sospecha de que en esos vuelos se transportaba mucho más que periódicos.

Si bien resultan prácticamente interminables las revelaciones sobre coimas aportadas por empresarios que se beneficiaron con la concesión de obras públicas, también en este terreno estas dan cuenta de apenas una parte de la megaestructura de corrupción diseñada durante la gestión kirchnerista.

Groseros sobreprecios abonados por trenes que quedaron inutilizados mientras las formaciones en uso no garantizaban mínimas condiciones de seguridad, como ocurrió con la tragedia de Once; el caso Skanska; los oscuros subsidios a empresas de transporte; la escandalosa renovación de la concesión de la Hidrovía; las valijas con dólares provenientes de Venezuela ingresados ilegalmente; la apropiación de la imprenta Ciccone por parte de un funcionario del rango de vicepresidente; las múltiples y desvergonzadas negociaciones incompatibles con la función pública por parte del matrimonio Kirchner, incluyendo el simulado alquiler de habitaciones de hoteles propios a empresas contratistas del Estado que no las ocupaban, y las múltiples maniobras de lavado de dinero son algunas de las piezas de este inventario de prácticas corruptas, coronadas por los bolsos de José López, filmado in fraganti cuando los entregaba en un convento bonaerense.

El copamiento de los organismos de control por figuras políticas que hacían la vista gorda frente a cualquier irregularidad; el falseamiento de datos estadísticos del Indec; el incumplimiento de reiteradas sentencias de la propia Corte Suprema de Justicia por parte del Poder Ejecutivo; la utilización de la AFIP para perseguir a ciudadanos que expresaran sus públicas disidencias con las ideologizadas políticas gubernamentales mientras se pasaba por alto el enriquecimiento del exmatrimonio presidencial y sus cómplices, permiten vislumbrar apenas una parte del impresionante círculo de la corrupción K.

Frente a este cuadro no pueden provocar menos que indignación las palabras de la expresidenta vertidas en su flamante libro, relacionadas con su fortuna familiar: "Nunca llegamos pobres a ningún cargo en la función pública. Y menos a la presidencia de la Nación". Recientemente, se conoció un informe efectuado por un auditor de la vieja Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, elaborado sobre la base de una pericia contable encargada en 2009 por el entonces juez federal Norberto Oyarbide a dos peritos de la Corte Suprema de Justicia que evaluaron las declaraciones juradas presentadas por el matrimonio Kirchner ante la Oficina Anticorrupción. El informe, hecho por Eduardo Blanco, identificó entre los años 2007 y 2008 un total de 24,7 millones de pesos que los Kirchner no podían justificar. Se trata de una cifra que, a valores de diciembre de 2009, equivalía a casi 6,5 millones de dólares. Sin embargo, esas conclusiones nunca fueron consideradas por Oyarbide, quien cerró en tiempo récord la causa judicial por enriquecimiento ilícito, en lo que debiera considerarse una sentencia írrita que debería revisarse, tal como lo ha solicitado la Oficina Anticorrupción.

El exponencial incremento patrimonial de los Kirchner no terminó allí. Fue creciendo hasta tal punto que solo en dos cajas de seguridad de Florencia Kirchner fueron hallados en 2016 4,6 millones de dólares, que se suman a los numerosos y millonarios bienes inmuebles del grupo familiar, adquiridos en su inmensa mayoría durante la función pública, incluidos extensos terrenos que pertenecían al fisco santacruceño comprados a precio vil y los tristemente célebres hoteles patagónicos. Todo esto sin contabilizar lo mucho que pueda estar escondido a buen recaudo tanto en la Argentina como en el exterior, más allá del imaginario popular en relación con inciertas ubicaciones de dinero enterrado o de "bóvedas" disimuladas.

Si los fondos robados a las arcas del Estado eran "una comisión que se le cobra a la patria", como habría expresado Daniel Muñoz, según el testimonio del arrepentido contador Manzanares, solo queda por esperar que, sin demoras, se recupere lo robado y que los responsables reciban un digno y ejemplificador castigo que vaya más allá de la sanción moral de la sociedad y que permita ver el retorno del dinero a la comunidad.

Ningún argumento puede ser empleado para dejar de combatir la corrupción hasta las últimas consecuencias. De la resolución del más resonante y más documentado escándalo de corrupción de la historia argentina dependerá el futuro de las instituciones de nuestro país. Frente a quienes se rasgan las vestiduras porfiando que los atroces descubrimientos derivados de la causa de los cuadernos de las coimas no harán más que afectar negativamente las posibilidades de crecimiento económico, corresponde insistir en que en rigor entrañan la enorme oportunidad de producir el efecto inverso si la Justicia cae con todo su peso sobre sus responsables. Claro está también, mal que nos pese, que si la Argentina no es capaz de erradicar de sus entrañas el cáncer de la corrupción y la impunidad, estará por siempre condenada a representar la imagen de un grotesco paraíso de las oportunidades perdidas.

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