Oportuna intervención

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7 de febrero de 2020  

La cuestión de privilegio interpuesta por el senador Esteban Bullrich (Cambiemos) por el uso indebido hecho por Cristina Kirchner de la página oficial del cuerpo sienta un precedente de valor institucional que merece ser destacado.

La vicepresidenta de la Nación, como titular del Senado, incurrió en dos groseras faltas: una para atacar a Clarín, y la otra, para descalificar a lanacion. El portal del Senado difundió, sin firma alguna y, por lo tanto, como si fuera un texto oficial, desmentidas fuertemente adjetivadas a informaciones periodísticas que involucraban a su presidenta. Podría barruntarse que se trató de respuestas automáticas en la conciencia de una figura política habituada a confundir los propios intereses con los del Estado.

Bullrich reclamó en su presentación que sean retirados de la página esos textos. La responsabilidad objetiva por lo que sucede es de quien preside el cuerpo. A las faltas señaladas se suma una violencia verbal incompatible con la libertad de prensa.

La señora de Kirchner reprocha a Clarín haber informado que su viaje a Cuba costaba dinero al erario público. La información había sido obtenida por Clarín por medios que legitimó el expediente 509/19 del Senado, sobre autorización del viaje en comisión de servicio a La Habana de un custodio durante 16 días, con mención del costo del pasaje más gastos por movilidad.

En cuanto al comunicado con el título de "Una vez más, LA NACION engaña a sus lectores", se quiso desmentir que la expresidenta hubiese pedido que la Oficina Anticorrupción y la Unidad de Información Financiera no intervinieran en el juicio que se le sigue por fraude en la obra pública. El título de esa nota de LA NACION resumía el espíritu de lo ocurrido, que estuvo explícitamente desarrollado en el texto que corría bajo el respectivo enunciado: la expresidenta adhirió al pedido formulado en aquel sentido por Mariano Fragueiro Frías, abogado de uno de los imputados en la misma causa. ¿Desde cuándo tamaña queja contra LA NACION, con el argumento implícito de que debió haberse hecho una supuesta distinción entre "pedir" y "adherir"? ¿Cómo, si a los fines procesales ambas acciones llevan por igual en este asunto al mismo objetivo estratégico justo por parte de quien ha amañado permanentemente un relato político y gobernado hasta con el falseamiento de las estadísticas públicas?

No hay que hacerse demasiadas ilusiones sobre el destino final de la citada moción de privilegio. Ya se sabe cómo actúan en general las mayorías oficialistas en situaciones de esta índole. Pero no hay dudas de que con su intervención, Bullrich permitió echar nuevas luces sobre un hecho lamentable y reconvenido sobre la rectitud del camino que debe seguirse.

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