Otra vez, un importante sector es olvidado

El aliento que muchos países dan a las fundaciones y asociaciones civiles no se refleja en el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial
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25 de noviembre de 2013  

La reforma del Código Civil y Comercial, a la cual nos referimos ayer en esta columna editorial, dio lugar en los últimos días a maratónicas reuniones para apurar su sanción en el Congreso tras haber estado deliberadamente detenida todo el año. El proyecto, por su naturaleza, constituye una ocasión para generar un diálogo entre la sociedad, juristas y legisladores, que permita lograr el objetivo en un marco de gran consenso. Por ello, la decisión del oficialismo de postergar para 2014 la sanción definitiva de la norma enciende una luz de esperanza.

La variedad de temas que el Código abarca en sus más de 2700 artículos obliga a un diálogo profundo y sereno. Muchas instituciones se manifestaron en tal sentido. La Confederación de la Sociedad Civil (CSC), máxima representante de los intereses e inquietudes de las organizaciones privadas de bien público, fue una de ellas. Constituida el año pasado, se abocó con especialistas propios y de instituciones afines, al análisis del nuevo Código en lo referente a asociaciones civiles, simples asociaciones y fundaciones.

El trabajo se plasmó en un documento con consideraciones y sugerencias en relación con los artículos 141 a 224 del Código, que regirán el desenvolvimiento de las mencionadas instituciones. El documento aprecia virtudes de la reforma, pocas por cierto ante el exceso de normas y controles alejados de las expectativas de modernización que el sector requiere. Un cierto reglamentarismo y excesivos requisitos desalientan la creación de este tipo de entidades, observándose la ausencia de normas que las estimulen.

Un solo legislador de la Comisión Bicameral para la Reforma, Actualización y Unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación, el diputado Pablo Tonelli, recibió a los autores del documento, con quienes lo analizó y discutió, e hizo suyo con consideraciones y aportes propios. Con otros miembros de la Comisión no fue posible reunirse, pues estuvieron ausentes del Congreso desde mediados de año por la campaña electoral. Tras las elecciones, el presidente de la CSC pidió un diálogo a la presidenta de la comisión bicameral, la diputada Diana Conti, pero no obtuvo respuesta. Las audiencias públicas del año pasado, único lugar de consulta, no fueron eficaces por el escaso tiempo dado a las exposiciones: sobre 900 inquietudes del sector trasmitidas a los legisladores, ninguna tuvo respuesta.

En los últimos 30 años las fundaciones y asociaciones civiles tuvieron gran desarrollo, pero la legislación no se adecuó ni se dictaron normas para fortalecerlo. Se estima en más de 100.000 las organizaciones sociales del país, de las cuales sólo el 20 por ciento tendría personería jurídica. El resto carece de una legislación que la contenga y resguarde el derecho a asociarse con fines útiles que prevé el artículo 14 de la Constitución. Urge la necesidad de dictar normas que estimulen la creación de simples asociaciones con un régimen fiscal e impositivo que las contemple.

En este campo, el Estado argentino manifiesta desinterés, ignorancia y celos sobre el rol de las organizaciones de la sociedad civil. Muchos países –entre ellos se destaca Holanda– reconocen, alientan y aprovechan sus acciones. Los Estados Unidos tienen la mayor cantidad de instituciones filantrópicas registradas (1.280.739 en 2010), que reciben el mayor monto anual de donaciones en el mundo: 300 mil millones de dólares destinados a salud e investigación, educación, arte y cultura, religión, ayuda a afectados por la crisis económica o catástrofes naturales, apoyo internacional, etcétera; los legados rondan los 25.000 millones de dólares al año, pues hay libertad testamentaria en favor del bien público. En la Argentina los legados son bajos, pues cuatro quintos de los bienes deben ir a herederos forzosos. En este punto, la reforma del Código traería una mejora, pues reduce el "derecho a la legítima" a dos tercios.

Entre nosotros, son conocidas las acciones contra la pobreza y otras necesidades que realizan de forma loable muchas organizaciones. Pero menos difusión tienen acciones innovadoras que la CSC dio a conocer en un libro con ideas inteligentes para resolver: el déficit de viviendas, la provisión de gas natural, el financiamiento y ejecución de autopistas, y deficiencias en la educación. Así, a la par que unas organizaciones enfrentan las consecuencias de esos problemas, otras estudian cómo resolverlos. En este punto, las Naciones Unidas aprovechan desde 1948 la experiencia de la sociedad civil a través de la Conferencia de Organizaciones No Gubernamentales, donde fundaciones y asociaciones del mundo reciben estatus consultivo, o sea, el derecho a hacer propuestas a los Estados miembros en un sinnúmero de temas. La CSC gestionará ante ministerios y el Parlamento la obtención de un estatus semejante.

Lo que el sector aporta podría crecer entre nosotros si tuviera mayor consideración y aliento. De allí la importancia de observar este capítulo, casi olvidado en estos días de discusión pública del nuevo Código. Queda la instancia final: que nuestros diputados y senadores, en el debate que se avecina, tengan en cuenta la incidencia que en el desarrollo de los países avanzados tienen las fundaciones y asociaciones civiles.

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