Pasos hacia la reforma política

(0)
22 de abril de 2004  

En el ambicioso plan de seguridad lanzado por el Gobierno el lunes último se han incluido, sorpresivamente, algunas medidas encaminadas a instrumentar la tantas veces postergada reforma política. Es una decisión que merece ser aplaudida, pues implica la puesta en ejecución de cambios y decisiones largamente reclamados por la ciudadanía independiente.

En efecto, entre los anuncios formulados por el ministro de Seguridad, Gustavo Beliz, figura la desaparición del vicioso régimen de las listas sábana, uno de los mecanismos que conspiran desde hace largo tiempo contra la legitimidad y la transparencia de nuestro sistema electoral. Como lo hemos señalado muchas veces desde esta columna editorial, esa perversa modalidad electiva permite que, en algunos distritos del país, el ciudadano vote -en más de un caso- en favor de una extensa nómina de candidatos aun sabiendo que se cobijan en ella personas a las que de ningún modo desea confiar su representación. Es que la lista sábana impide que el electorado pueda establecer algún tipo de distinción o separación entre aquellos candidatos a los que considera idóneos y merecedores de su apoyo y aquellos otros a los que juzga indignos de su confianza. También es frecuente que el votante emita su sufragio en la urna sin saber a ciencia cierta por quién está votando, pues la campaña electoral le ha hecho conocer sólo a los que encabezan la lista, no a los muchos candidatos ignotos que los acompañan.

También se tiene previsto, según lo anticipado por el ministro, avanzar hacia la incorporación del llamado voto electrónico, una modalidad implantada con éxito en otros países y destinada a otorgar transparencia, velocidad y seguridad al acto comicial.

Asimismo, se ha decidido producir cambios en el régimen de financiamiento de los partidos políticos, con el fin de atacar de raíz uno de los focos de corrupción que contribuyen a degradar y envilecer el sistema democrático argentino. Cuanto ayude a aventar las sospechas sobre el origen espurio de los fondos que los partidos utilizan para solventar sus actividades o para pagar las costosas campañas de algunos candidatos producirá efectos altamente positivos en la marcha hacia el saneamiento de la vida pública nacional.

Por supuesto, a estos loables cambios deberían sumarse otros, tales como la eficientización del funcionamiento parlamentario, la reducción del gasto político, la erradicación de las prácticas clientelísticas y la eliminación de la funesta ley de lemas, todavía imperante en varias provincias, por mencionar sólo algunos de los avances que deberían formar parte de una reforma que apunte a lograr un efectivo mejoramiento de la calidad de nuestro sistema institucional.

La vinculación que se ha establecido entre estas reformas y el plan de seguridad no es antojadiza, dados los reiterados indicios respecto de la probable relación entre la crisis de las fuerzas de seguridad y la existencia de márgenes de corrupción en algunos sectores de la dirigencia política. Celebremos, pues, la inclusión de estas propuestas -destinadas a sanear el escenario público- y formulemos votos para que esta vez no queden en letra muerta.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.