Persecución política: ahora, en la Cancillería

Los acosos laborales, las presiones a diplomáticos y su reemplazo por jóvenes inexpertos demuelen todos los esfuerzos por jerarquizar el sector
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4 de diciembre de 2013  

Fue un esfuerzo de décadas el que le demandó a nuestro país contar con una diplomacia profesional y sólidamente formada, que es nuestro puente con las demás naciones. Por eso, no es casualidad que un gobierno que le ha vuelto la espalda al mundo para privilegiar relaciones con un pequeño y arbitrario grupo de países se haya dado a la tarea de demoler aquel largo esfuerzo desplazando a diplomáticos de carrera para favorecer a jóvenes inexpertos , cuya única carta de presentación es la de hallarse enrolados en agrupaciones kirchneristas.

Como informó LA NACION, esa tarea se lleva a cabo mediante el acoso laboral, la reducción de salarios y la persecución ideológica de los que son víctimas diplomáticos y empleados administrativos que no comulgan con el oficialismo ni con lo que sus representantes en el Palacio San Martín denominan "Kancillería nacional y popular".

Lo que allí ocurre es una muestra de otra de las herencias trágicas que dejará el kirchnerismo, pero de la que poco y nada se habla. Nos referimos a la destrucción de enormes áreas del funcionariado público mediante el desplazamiento de personal capaz y honesto, y su reemplazo por jóvenes que, por lo general, carecen de preparación y experiencia, y exhiben, como único mérito, la obediencia debida al kirchnerismo, tan ciega como su apetencia por obtener sueldos elevados.

Fuentes diplomáticas calculan que, sobre un total de 104 directores, 63 habrían sido desplazados para que sus puestos quedaran disponibles para ser ocupados por los jóvenes K. Las reducciones en los haberes se aplican con el recorte de horas extras o con la eliminación de los plus salariales. El resultado es la paranoia, el temor, la incertidumbre y el aumento de la cantidad de empleados y funcionarios con problemas psicológicos y económicos.

Se trata de otra muestra más de prepotencia y abierto patoterismo, que recuerda el ejercido por el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno sobre el plantel técnico del Indec que se resistía a adulterar los índices de inflación, pobreza e indigencia.

Prueba de la nula importancia que el Gobierno otorga a nuestra diplomacia profesional ha sido el nombramiento como canciller de Héctor Timerman, quien ha demostrado que jamás reunirá las mínimas condiciones para esa importante función, como lo demostró en la gestación y firma del vergonzoso acuerdo con Irán por el caso AMIA.

Timerman no es el impulsor de las persecuciones y cazas de brujas en la Cancillería, pero las consiente. Por lo tanto, no puede eludir la responsabilidad que le cabe respecto de lo que ocurre en su ministerio.

El principal responsable es el ministro de Economía, Axel Kicillof, y los camporistas que responden al diputado nacional Eduardo de Pedro. Dentro de la Cancillería, los responsables serían, entre otros, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Augusto Costa, nombrado ahora por Kicillof para ocupar la Secretaría de Comercio que dejó Moreno; el jefe de Gabinete de la Subsecretaría de Desarrollo de Inversiones y Promoción Comercial, Leonardo Constantino; el subsecretario de Negociaciones Económicas Internacionales, Carlos Bianco, que ocupará el lugar de Costa, y la embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón.

Como en otras áreas que se han convertido en botín de los jóvenes militantes del kirchnerismo, los manejos turbios de dinero no estarían ausentes en el Palacio San Martín. Para participar en las ferias comerciales internacionales, se emplea últimamente un mecanismo que ejecuta la Fundación ExportAr, que se basa en solicitar a las empresas interesadas en concurrir a una feria el pago de dinero que varía según la magnitud de la empresa.

Los más de diez años de kirchnerismo han permitido colonizar el Estado de la peor manera: destruyéndolo. No se trata solamente de la ineludible ocupación de cargos jerárquicos. Se trata del uso del Estado en beneficio propio y con fines proselitistas. Lo vemos en la Cancillería, lo vemos en el Indec, en los órganos de contralor y lo vemos también en la forma desvergonzada con que el Gobierno quiere introducir propia tropa en la Justicia.

Otro ejemplo es el listado de conjueces que el Poder Ejecutivo envió la semana pasada al Senado para cubrir en forma interina las cuatro vacantes de la Cámara de Casación, el más imporante tribunal después de la Corte Suprema.

En esa nómina se encuentran diez hombres, casi todos abiertamente vinculados con el Gobierno, como Eduardo Barcesat, promotor del fracasado plan de reforma constitucional para permitir la reelección de Cristina Kirchner. Del resto, varios han defendido o defienden a funcionarios en casos de corrupción.

El kirchnerismo creyó poder prescindir del mundo -peleándose incluso con aliados históricos como Uruguay- hasta que la crisis económica lo obligó a despertar.

La primera puerta para las relaciones con un mundo cada vez más complejo es nuestra Cancillería. El regreso de la Argentina al mundo no se logrará persiguiendo a los diplomáticos de carrera ni enviando a personajes fracasados y violentos a ocupar cargos importantes en nuestras delegaciones en el exterior, como ha ocurrido con Moreno, flamante agregado comercial en Roma.

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