Pochat: honrar la función pública

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15 de junio de 2020  • 00:01

Este 4 de junio se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de un funcionario ejemplar, asesinado por investigar la corrupción enquistada en el poder

Cada 4 de junio, Alfredo Pochat vuelve a entregar la vida cuando la indiferencia y la amnesia colectiva lo condenan al olvido.

Hace 23 años, en un frío mediodía de Mar del Plata, el entonces auditor de la Anses Alfredo Pochat fue acribillado a balazos por el marido de la titular de la delegación costera del organismo. Se preparaba para dar una conferencia de prensa en la que iba a denunciar hechos de corrupción que, precisamente, involucraban a la funcionaria. El criminal fue posteriormente condenado a prisión, aunque la causa por corrupción investigada por Pochat nunca llegó a juicio. Es decir que el asesino terminó siendo autor de un doble crimen: mató al investigador y a la investigación.

Es este un ejemplo de lo que pasa cuando la corrupción sistémica se enquista en las instituciones de un país. Las personas que viven fieles a sus valiosos principios sufren trágicos finales mientras los corruptos y el delito organizado tienen garantizada su impunidad. Una impunidad respaldada, la mayoría de las veces, por una dirigencia política cómplice que, al proteger a los mafiosos, como en este caso, no solo no impulsó la investigación del fallecido auditor, sino que, además, le negó a la familia Pochat la indemnización que en justicia le correspondía por haber sido asesinado cumpliendo una labor que el propio Estado le había encargado y a la que hizo honor hasta el último aliento.

En 1999, la ciudad de Buenos Aires dictó una ley por la que se declara el 4 de junio Día de la Lucha contra la Corrupción , en homenaje a Pochat. En los 21 años que lleva de vigencia la norma, nunca la ciudad organizó un acto conmemorativo como el que correspondería dedicarle a una persona que entregó su vida por defender la administración transparente del patrimonio público de su comunidad, patrimonio que, en este caso, tenía como destinatarios los beneficiarios de la Anses, una de las poblaciones más vulnerables de la sociedad.

Las personas que viven fieles a sus valiosos principios sufren trágicos finales mientras los corruptos y el delito organizado tienen garantizada su impunidad

A pesar de la indiferencia de una dirigencia política que ha evidenciado su conveniente complicidad con el olvido, el mismo pasado 4 de junio, la memoria de Pochat encontró un acto de reivindicación, no en términos de homenaje, sino en la difusión de un acto de justicia mucho más cercano a su lucha y a su forma de ser. El Tribunal Federal Oral Nº 2, con asiento en la provincia de Mendoza, integrado por los camaristas Gretel Diamante , María Paula Marisi y Waldo Piña , condenó a los 29 miembros de una asociación ilícita que se dedicaba a elaborar facturas truchas con las que estafaron a la AFIP por un monto superior a los 222 millones de pesos. Las penas variaron entre siete años y medio y tres años y medio.

Vale recordar que una de las camaristas, la magistrada Diamante, cuando, en 2005, ocupaba el rol de fiscal de la provincia de San Luis, acusó a dos altos funcionarios del gobierno provincial de hacer firmar renuncias anticipadas a candidatos a jueces y fiscales a cambio de ser nombrados en sus roles, para de esa manera mantenerlos bajo la presión de renunciar si los fallos no iban en línea con los deseos de los gobiernos encabezados por los hermanos Rodríguez Saá. Ambos funcionarios fueron condenados el año pasado, luego de 14 años de dilaciones y artilugios legales dirigidos a lograr que la causa se diluyera, y se demostró en el juicio oral que el sistema de renuncias anticipadas existió y que fue efectivamente aplicado. Diamante fue la testigo clave y fue su testimonio el que permitió fundar la condena. Días atrás, ya como jueza de la cámara federal, nuevamente su actuación volvió a resultar imprescindible para condenar a los miembros de la mencionada asociación ilícita.

Funcionarios públicos como Diamante son quienes hacen vivir y respirar justicia, esa que Pochat persiguió hasta la muerte. Son quienes mantienen vigentes los valores de muchos como él, que trabajan en silencio, día tras día. Son esos funcionarios ejemplares quienes, devolviéndole a un cargo estatal la dimensión de servicio que jamás debería perder, reivindican la lucha de Pochat, dan honrosa continuidad a su rol de funcionario público y vuelven a revestir de auténtico sentido su muerte.

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