Prostitución: no legalizar la explotación

(0)
6 de marzo de 2019  

"En una sociedad democrática no cabe la prostitución (...) las mujeres tenemos que ser libres en todos los espacios públicos", dijo la jueza española y delegada contra la violencia de género en representación de ese gobierno Pilar Llop.

El debate que se está dando en España respecto de si la prostitución debe ser legalizada o no presenta numerosas y muy diversas aristas, y pone en alerta a muchísimos países que, más temprano que tarde, podrían encontrarse en la misma necesidad de tener que tomar posición al respecto.

Como hemos opinado recientemente desde estas columnas, legalizar la prostitución constituiría un error. Sostenemos que, lisa y llanamente, habría que prohibirla. La prostitución viola derechos de las personas, pues, en su amplísima mayoría, su práctica constituye una forma de supervivencia. Aun cuando se argumenta y pretenda mostrarse que puede ejercerse de manera "voluntaria", esconde en realidad explotación sexual en beneficio de terceros.

Como acertadamente ha dicho la doctora Llop, cualquier forma de proxenetismo y explotación sexual es violencia de género. No puede comprenderse que no lo sea cuando se degradan el cuerpo y la psiquis de quien ejerce la prostitución.

Decíamos antes y ratificamos ahora nuestra opinión de que no se puede equiparar el ejercicio de la prostitución con el de un "trabajo autónomo"; ni siquiera puede hablarse seriamente de una relación laboral cuando claramente se trata de explotación humana. Muchas mujeres, especialmente las más jóvenes y las más pobres, entran engañadas en ese siniestro submundo. Se les prometen trabajos rentables que no son tales. Se las tienta con un futuro promisorio cuando, en rigor, se las esclaviza, integrándolas a redes de trata que pueden llevarlas a la muerte. Estamos, sin ambages, frente a un tráfico de seres humanos, a una condición de esclavitud, se la mire por donde se la mire.

Legalizar la prostitución es mostrarse indiferente frente a la dignidad vejada de las personas que son forzadas a ejercer una actividad habitualmente relacionada con el comercio de drogas y la pornografía. Es apoyar el desarrollo y la proliferación de estas redes criminales. Demasiado silencio y complicidad se verifican en todo el mundo ante este tipo de situaciones, que siguen existiendo a pesar de legislaciones que las prohíben. En nuestro país, el Código Penal y la ley sobre trata de personas consideran delito la explotación sexual.

Hace pocas semanas, una mujer argentina de 45 años fue rescatada, junto con su hijo de nueve, de una red de trata que la había llevado hasta Bolivia. Estuvo 32 años siendo sometida por delincuentes. Tal como se debate ahora en España, la pregunta es: ¿regular la prostitución evitará que esas organizaciones exploten personas? En un interesante artículo publicado en el diario El País, Mabel Lozano se pregunta: "¿Para qué sirve 'lavar, centrifugar y planchar la imagen de la prostitución', pero sobre todo, legalizarla?". "Entre otras razones (siempre económicas), para que en caso de una redada por parte de la policía no se lleven a las mujeres de los pisos o burdeles. La policía -relata Lozano- detiene a las mujeres en situación irregular, a las sin papeles. Por tanto, ¿qué les conviene a los delincuentes? Que las mujeres estén legalizadas para que así tampoco les hagan preguntas".

Otras voces prefieren que la ley española penalice al cliente y proteja a la prostituta. Pero como bien ha dicho otra articulista de aquel medio, Gabriela Cañas, "la prostitución no es inevitable". Es, además, "un terreno pantanoso salpicado de trampas". Si no se parte de que esas personas son vulnerables, si no se advierte el horror que sufren, no se podrá comprender el problema en su total dimensión.

Hoy el debate se da en España. Antes, lo trataron otros muchos países de Europa que no se han puesto de acuerdo respecto de cuál ha de ser la mejor solución. De lo que no queda duda alguna es de que el problema existe y es mayúsculo.

Hace poco más de un mes, LA NACION dio cuenta de una megaorganización delictiva que trasladaba víctimas de explotación con un sistema de postas, usando a diferentes personas en cada trayecto del viaje. Cuatro mujeres fueron rescatadas en Chubut por las autoridades. Las cuatro habían sido captadas por personas de sus comunidades, que les ofrecían trabajos ficticios. Los delincuentes fueron capturados en esa provincia durante un control de ruta habitual, pero el grupo criminal operaba también en la ciudad de Buenos Aires y en Bahía Blanca, extendiendo sus contactos y traslados a Chile y a Paraguay.

Nuestro anterior editorial sobre el tema comentaba incluso el caso de una chica de 15 años que un grupo de proxenetas ofrecía para la prostitución en un departamento de Retiro. Un "privado" que muchas veces es aceptado y hasta defendido por tratarse supuestamente del trabajo "voluntario" de una persona en una vivienda particular. ¿Cuántas de esas mujeres y hombres actúan no por voluntad propia y para su propio "bienestar" económico, sino como víctimas de organizaciones criminales? No lo sabemos a ciencia cierta, pero no es muy difícil sospechar que han de ser muchísimas más de las que ha podido contabilizar la cifra blanca del delito.

No debemos ser cómplices ni desentendernos ni solazarnos con un doble discurso: alentar la prostitución es incitar el tráfico de seres humanos.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.