Putin, tras 20 años de férrea conducción

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21 de agosto de 2019  

El exagente de los servicios secretos rusos Vladimir Putin acaba de cumplir 20 años en el poder de su país desde que Boris Yeltsin le dio su exitoso espaldarazo. En ese lapso, el presidente ruso, que ha estabilizado a su país, no lo ha democratizado, sino que -muy por el contrario- ha construido un sistema vertical de gobierno que concentra toda la autoridad política en sus manos, negando el acceso de la oposición incluso a las elecciones municipales, reprimiendo duramente las protestas de quienes, en esencia, compiten políticamente con él y demonizando y encarcelando periódicamente a los disidentes.

Su gobierno es de un perfil nítidamente autoritario. Transitando los 66 años, Putin ha logrado reinsertar a Rusia en el centro mismo del escenario internacional, asumiendo allí un rol cada vez más influyente en los conflictos externos en los que Rusia tiene interés, incluyendo el que tiene que ver con la crisis de Venezuela, en nuestro propio continente. Su activa política externa lo ha llevado incluso a desplegar contingentes importantes de tropas propias en escenarios en los que desea consolidar un papel preponderante.

La Constitución de su país no le permite ahora aspirar a un nuevo mandato, pero muchos creen que encontrará la forma de superar ese obstáculo para continuar perpetuándose en el poder, cual un zar moderno.

Desde que Putin condujo y ganó la guerra en Chechenia, logró ser reelegido con el 53% de los votos a pesar de que ciertamente mantiene abiertos algunos complejos conflictos externos lejos de ir en camino de ser resueltos, tal el caso de Siria, Ucrania y Georgia.

La anexión forzada de Crimea fue, además, amplia y mayoritariamente respaldada por su pueblo y por el sistema político ruso. Todavía no está claro qué hará Putin al concluir su mandato. ¿Cambiará las normas que imposibilitan su continuidad? ¿Designará un sucesor o un heredero? ¿Dará finalmente un paso al costado? ¿Tratará, de todas formas, de concretar su "misión histórica", que define como la de devolver a su país la influencia que, según entiende, le corresponde?

Cercano a la poderosa Iglesia Ortodoxa, Putin es claramente un líder nacionalista y, por ello, enarbola de manera creciente sus conocidas banderas, incluyendo una preocupante y cada vez más cercana alianza económica y militar con China.

Una reciente reforma jubilatoria, tan necesaria como resistida, y el mal estado general de la economía rusa le están quitando popularidad y debilitando el nivel de apoyo interno que seguramente necesitará para no tener que alejarse de la cumbre del poder, lo que, a la luz de su derrotero, sería realmente sorpresivo.

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