Que los faros sean largos

Pese al cuadro económico, la última Expoagro ha sido la de la esperanza, no solo por su resultado, sino porque el campo ratificó que no quiere volver al pasado
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16 de marzo de 2019  

Como prolegómeno inmediato del comienzo a pleno de la cosecha gruesa de la campaña 2018/19, la muestra ferial de Expoagro, tal vez la más grande y glamorosa en su tipo en el mundo, no pudo haber sido más auspiciosa. Con 521 expositores que exhibieron creatividad e innovación sobre más de 200.000 metros cuadrados, a la vera de la ruta 9, en el predio rural y autódromo de San Nicolás, esta decimotercera edición fue la más descollante que se haya realizado. Logró ese carácter tanto por dimensión como por la constatación de los avances en la revolución tecnológica por la que atraviesan las actividades agropecuarias,

Desde la genética de semillas y la protección de cultivos hasta las modalidades de almacenamiento de cosechas y presentación de maquinaria agrícola de vanguardia, la muestra suscitó el interés de los miles y miles de productores, y de personas asociadas a su quehacer diario, que renovaron las visitas en los cuatro días de la muestra. Se hicieron negocios y se sentaron las bases para cerrar otros en días próximos, mientras se presentan pedidos de financiación de créditos que, en el caso del Banco Provincia, multiplicó por tres los recibidos un año atrás. Como manifestación de la forma en que los productores prefieren endeudarse hoy, la entidad presidida por Juan Curutchet tomó nota de que los presentantes optaban por endeudarse a tasas que oscilan entre el 23 y el 30 por ciento en pesos, en vez hacerlo en dólares acogiéndose a la tasa del 2 por ciento anual.

Ese espacio rural de San Nicolás, acuñado como "Capital Nacional de los Agronegocios", se halló cruzado en esta versión anual por las inusuales expectativas abiertas por la cosecha de maíz a punto de iniciarse en áreas neurálgicas de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el este de Córdoba, en lo que se llama la zona núcleo de nuestras pampas.

Acaso se llegue en esta campaña, con un crecimiento del 14 por ciento respecto del año anterior, a que por primera vez la Argentina roce una producción de maíz de 50 millones de toneladas. Luego vendrá la trilla de la soja, cuya proyección, por el estado excelente de las sementeras, anticipa un aumento del 44 por ciento en relación con 2018 y una producción próxima a los 55 millones de toneladas. En la suma de los principales cultivos, la campaña podría cerrar con casi 140 millones de toneladas de granos.

Cómo no iba a reconocer, pues, el presidente Macri, al visitar el miércoles el predio ferial, el verdadero milagro conseguido por el campo, después de haber sufrido tres meses continuos de sequía y, a renglón seguido, tres semanas de lluvias que deterioraron aún más los sembradíos y, por consiguiente, los resultados. El campo se recompuso de inmediato y persistió en su porfía, que es la de siempre, pero ahora sí con una respuesta tan generosa de la naturaleza como desde hace mucho no se veía.

Se puede decir que esta ha sido la Expoagro de la esperanza. No solo por la magnitud de la promesa suscitada por la cosecha en ciernes. O por la eficiencia innovadora de los nuevos instrumentos puestos al servicio de quienes trabajan la tierra, como los que proceden de los emprendimientos conocidos como Agtech, que evidenciaron en el tecnódromo sus capacidades en ediciones génicas, biotecnología, agricultura de precisión y habilidad hasta para transmitir índices de cobertura de riesgos meteorológicos por lecturas satelitales. Ha sido, en efecto, la Expoagro de la esperanza, porque a pesar del cuadro económico desalentador en general, el campo ratificó, a través de innumerables voceros, que no quiere volver al pasado, que se resiste a ceder el paso a una reedición vergonzante de la política vernácula que humillaría a la Argentina ante el mundo. Se habló así, de cara a los comicios próximos, con franqueza inaudita, con palabras de productores y dirigentes agropecuarios coincidentes en que el gobierno actual ha cometido errores inadmisibles y ha apelado a decisiones que contrariaron hasta promesas electorales, como la aplicación de retenciones sobre las cuales, tanto Macri como la gobernadora María Eugenia Vidal, calificaron aquí, casi en acto surrealista, de malos impuestos. Pero, por sobre todo, en la tonificada atmósfera campera de San Nicolás, se ha destacado, frente a los errores y desvíos denunciados, que el Gobierno ha respetado, a pesar de todo, principios y valores de una sociedad libre, abierta y moderna. Que va dejando una sucesión de obras públicas cuyos alcances definirán en el futuro las calidades retrospectivas de esta administración.

Desfilaron por la muestra gobernadores y políticos, diplomáticos y delegaciones de agricultores extranjeros, intendentes y aspirantes a posiciones legislativas o exploradores de la fertilidad del suelo que pisan a fin de lanzarse o no a una candidatura presidencial, como Roberto Lavagna. Nada, sin embargo, dio tan rotunda medida de los sentimientos cívicos que afloraron en la muestra en tanto espíritu dominante del campo y las industrias asociadas, como la repercusión por el traspié, acaso el primero que se registra en su ponderada carrera política, sufrido por el senador Omar Perotti, precandidato a gobernador de Santa Fe. Sus palabras de candidato a gobernador aliado al kirchnerismo se mantuvieron en el comentario crítico de más de una jornada después de haber patinado sorpresivamente, al pretender destacar una nueva versión, supuestamente más edulcorada, de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Fue demasiado lo que sufrió el campo en los años de gobierno del matrimonio Kirchner como para aceptar, aun por vías elípticas, el apañamiento de figuras de un pasado que considera irrecuperable por lo nefasto. En el tono decidor que caracteriza a las personas del interior, un dirigente resumió, de modo sencillo, lo que el campo sueña: "Votar por el que tenga faros largos y seriedad". Que es como decir que lo que importa es la dirección del camino y la forma de conducir, y que lo inaceptable es la imprevisión que ha atormentado la vida diaria de los argentinos durante tanto tiempo.

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