Reclamo por una Justicia mejor

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24 de abril de 2004  

La impresionante multitud que se reunió anteayer frente al Palacio de los Tribunales, en respuesta a la convocatoria de Juan Carlos Blumberg, ha demostrado -por segunda vez- que un inmenso sector de la población respalda los reclamos en favor de una mayor seguridad y de un mejoramiento de la calidad y la eficiencia de las instituciones de la Nación, especialmente del Poder Judicial. Se diría que existe hoy en el país un verdadero estado de movilización ciudadana en apoyo de cambios inmediatos que tiendan a satisfacer esas aspiraciones elementales.

El espíritu que ha imperado en las dos concentraciones promovidas por el padre de Axel Blumberg -el joven secuestrado y asesinado perversamente hace un mes- es purificador y reconfortante. Muestra que hay un pueblo de pie, decidido a comprometerse en defensa de los grandes principios que deben regir la vida de los pueblos: la justicia, la paz, la seguridad, la lucha sin tregua contra la criminalidad y la violencia.

El petitorio que Juan Carlos Blumberg entregó al vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia contiene reclamos que son sin duda compartidos por amplios sectores de la sociedad. Se solicita, por ejemplo, que el Estado proporcione los recursos que permitan corregir de raíz la endémica morosidad de los procedimientos judiciales. Se exige, en ese sentido, la ampliación de la privilegiada jornada de trabajo del personal judicial y, también, la publicación de estadísticas periódicas que reflejen el nivel de productividad de los órganos de la Justicia. Se reclama, asimismo, que el Consejo de la Magistratura agilice, en un clima de completa transparencia, los procesos para el nombramiento y la remoción de los jueces. Se exige, y desde esta columna apoyamos la iniciativa, que se declare la emergencia judicial, con el fin de corregir ésas y otras muchas deficiencias, en un esfuerzo tendiente a lograr, en suma, que la Argentina cuente con una Justicia dinámica, confiable y eficiente. Muchas de las demandas incluidas en el petitorio merecen ser respaldadas plenamente por el conjunto de la sociedad y las autoridades deberían esforzarse para darles inmediata respuesta.

Es cierto que algunos puntos del pliego entregado por Blumberg a la Corte deberán ser analizados y discutidos con cuidado antes de ser instrumentados legalmente. La propuesta de que los fiscales y los comisarios sean designados por el voto popular, por ejemplo, entraña algún riesgo, pues de no adoptarse recaudos muy severos podrían acentuar aún más la politización de la Justicia, con lo cual se produciría un efecto contrario al que se persigue.

Más allá de esas precisiones, debe subrayarse una vez más el valor de estas concentraciones en las que prevalece claramente el espíritu de la ciudadanía independiente. Es la manera que tiene hoy de manifestarse la "mayoría silenciosa", que se congrega sin consignas ideológicas ni políticas, sin símbolos partidarios, movida sólo por la firme voluntad de exigirle al Estado que cumpla con eficiencia sus funciones esenciales: la de impartir justicia con el más alto grado de transparencia y la de proporcionar seguridad a la población. Estos actos multitudinarios tienen un alto significado moral y de dignificación democrática, más allá de que sus peticiones concretas sean luego analizadas y discutidas, como corresponde, por los órganos de gobierno.

El gesto de Juan Carlos Blumberg, que asume con fortaleza sus responsabilidades de ciudadano aun sobrellevando su profundo dolor de padre, debe ser reconocido como un estimulante ejemplo moral y humano. Las concentraciones masivas que ha promovido han contribuido, inesperadamente, a oxigenar la vida pública y a fortalecer sanamente la participación de los ciudadanos en la estructura del Estado democrático.

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