¿Reivindicaciones históricas?

(0)
21 de agosto de 2014  

Días atrás, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner viajó a Asunción del Paraguay acompañada por los gobernadores de las provincias de Entre Ríos, Misiones y Formosa, para concretar lo que ella denominó una "reparación histórica". Se trató del acto de entrega de muebles y objetos adquiridos por el presidente de Paraguay, Francisco Solano López, antes del prolongado conflicto bélico que sostuvo contra la Argentina, Brasil y Uruguay, del que pronto se cumplirán 150 años.

La primera mandataria no devolvió trofeos de guerra, sino elementos de uso personal y, por lo tanto, esa restitución no constituye más que un obsequio que las autoridades paraguayas podrían destinar a algún museo. Sin embargo, en su afán por explayarse una vez más sobre uno de los tópicos favoritos del "relato", como la "guerra de la triple infamia", se hizo presente en el palacio gubernamental asunceño para acusar, una vez más, públicamente y de forma encendida, a quienes la precedieron en el gobierno de nuestro país hace un siglo y medio, en contextos muy diversos.

Esa actitud se asocia con la falaz y estéril costumbre de lanzar destempladas imputaciones sobre hechos del pasado y personajes que no pueden hoy ya defenderse, en lugar de resolver cuestiones concretas del presente. Como señaláramos desde esta columna días pasados, en otra muestra de una política de agresión y hostigamiento a la nación hermana, la visita de la Presidenta pareció haber consistido también en una intempestiva gestión para cobrar la deuda vinculada con Yacyretá, aun cuando no se habla de la que hace años Cuba mantiene y acumula con la Argentina.

El país hermano ha logrado hace tiempo quebrar el discurso insustancial y patriotero para abocarse a la resolución de sus problemas reales, y en esa actitud le va muy bien, pues los índices de su economía crecen de forma vigorosa y sostenida, mientras los nuestros, ni siquiera fraguando las estadísticas oficiales, logran disimular la grave crisis en la cual estamos inmersos.

La figura de Francisco Solano López, personaje destacado de la historia paraguaya, es resaltada hoy con sus logros y fracasos, y no debería ser usada para justificar los errores y las malas praxis del presente. Es más, una caudalosa y seria corriente historiográfica no vacila en sostener, sobre la base de documentos, que el mariscal-presidente se equivocó al embarcarse en una guerra interminable con tres naciones con las que pudo resolver sus conflictos a través de negociaciones pacíficas.

Conviene recordar, por otra parte, que López ordenó la invasión de Corrientes, hecho acaecido el 13 de abril de 1865, y que sus tropas tomaron cautivas que sufrieron enormes vejaciones en el campamento del presidente paraguayo.

La Presidenta debería mirar al pasado como fuente de enseñanzas, no como terreno de fáciles y manipuladas lucubraciones intelectuales. Una sincera hermandad con Paraguay requiere que el gobierno argentino haga a un lado políticas que han afectado a Paraguay, como las trabas a la navegación del río homónimo y los obstáculos de tipo comercial que tanto perjudicaron a la economía del vecino país, y el hecho de que, inexplicablemente, no se haya designado embajador argentino en Asunción, gesto que equivale a una afrenta.

Si la Presidenta, entonces, mirara al pasado para aprender de éste, comprendería que la Argentina estuvo siempre junto a Paraguay y que ambos pueblos hace rato que dejaron atrás los dolores de la guerra que los enfrentara; apreciaría, también, que existe entre sus gentes una inagotable afinidad y un deseo de hermandad superadora.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.