Secuestradores: amos de las autopistas

Las autoridades tienen que reaccionar ante el incesante aumento de los secuestros en las vías de acceso a la Capital
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11 de junio de 2012  

Debido a la constante reiteración de casos de secuestros de personas a manos de peligrosas bandas de delincuentes en el área metropolitana –especialmente en ciertas autopistas–, ya no puede hablarse de una mera ola, sino de un lamentable fenómeno al que la inexplicable ausencia o insuficiencia de control policial le ha dado visos de permanencia.

Por ejemplo, la avenida General Paz y el corredor del Acceso Oeste se han convertido en habituales escenarios para los llamados secuestros exprés. Tanta es la impunidad de los secuestradores que en la General Paz operarían tres bandas sin vinculaciones entre sí, en tanto que la denominada Banda del Oeste habría cobrado enormes sumas por los rescates de los últimos secuestrados.

Una de las modalidades más comunes es la tranquila selección de las víctimas por parte de los secuestradores, en función de las características de sus vehículos. Uno, dos y hasta tres vehículos le cierran el paso y, según los casos, pueden forzarlas a conducir a los delincuentes a su vivienda para allí arrasar con su dinero y elementos de valor, con el lógico peligro para el resto de la familia.

La llamada Banda del Oeste, integrada por lo menos por 15 delincuentes, sería la misma que, según informó La Nacion, secuestró a la ex esposa de un colaborador del vicepresidente la Nación. Este grupo también sería responsable de los secuestros, entre otros, de un piloto de Aerolíneas Argentinas que fue tomado cautivo el 7 del mes pasado en Ramos Mejía, del hijo del dueño de una maderera de la zona oeste y de un empresario. En esos casos, los secuestradores cobraron decenas de miles de dólares de rescate. Esta banda también sería responsable de otros secuestros ocurridos en el corredor del Acceso Oeste.

En marzo, un conocido empresario fue víctima de un intento de secuestro cuando transitaba en su camioneta por esa vía rápida, a la altura de la localidad bonaerense de Ciudadela, junto con su esposa y un custodio, quienes fueron tomados como rehenes y liberados más tarde.

La camioneta del empresario circulaba por la Autopista del Oeste y, al llegar al cruce con la General Paz, se produjo el hecho. Cuando el empresario fue obligado a descender, trastabilló y cayó por la barranca de la banquina, mientras los secuestradores partieron con su vehículo, su esposa y el custodio, a los que luego liberaron debido a la resistencia de este último.

Una de las bandas que azotan la General Paz secuestró a un periodista y a su amigo en la avenida Cantilo, cerca del estadio de River. Los delincuentes usaron una camioneta y dos automóviles que, junto con el vehículo de las víctimas, formaron una caravana que pudo desplazarse sin inconvenientes. El 2 de mayo, la misma banda interceptó a otro empresario en el cruce de esta avenida y Constituyentes.

Los últimos tres casos conocidos se registraron hace pocos días en La Horqueta y Boulogne, en el partido de San Isidro, y en Morón. Sin embargo, los investigadores y la prensa saben que no siempre las víctimas denuncian estos secuestros, por lo cual es posible afirmar que habría muchos más.

Urge que las autoridades adopten una actitud más comprometida para poner fin a este tipo de delitos que, además de las pérdidas materiales que acarrean para quienes los sufren, suman la pérdida momentánea de la libertad.

Si, como demuestran los hechos, las bandas pueden apoderarse de las más importantes autopistas en la Capital y el conurbano, es porque las autoridades, por decir lo menos, se han descuidado. No puede aducirse que, por tratarse a veces del límite entre la Capital y la provincia de Buenos Aires, surgen conflictos de jurisdicciones, pues el secuestro es un delito federal. Nada excusa, entonces, la aún débil reacción de las fuerzas de seguridad que no sólo deberían entrar en acción ante el hecho consumado, sino constituir una presencia ostensible y disuasoria.

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