Silenciosa labor que suma reconocimientos

La Red Solidaria, ese ejército de voluntarios creado por Juan Carr en 1995, volvió a ser nominada candidata al Premio Nobel de la Paz
Juan Carr, en una de sus típicas actitudes: escuchar al otro poniendo el cuerpo
Juan Carr, en una de sus típicas actitudes: escuchar al otro poniendo el cuerpo Crédito: Gentileza Ashoka
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21 de abril de 2019  

A lo largo de los años, LA NACION ha apoyado entusiastamente la labor de la Red Solidaria ( http://redsolidaria.org.ar), desde su creación en 1995. Numerosas veces abordamos esa pasión solidaria que se enciende vigorosamente ante urgencias y necesidades de nuestros compatriotas. Más allá de cualquier reacción coyuntural, también hemos dado cuenta del valioso ejército de voluntarios que acompañan la labor de esta extensa urdimbre de solidaridad creada por Juan Carr junto a cinco amigos, hace ya casi 25 años, dispuestos a transformar positivamente la dura realidad de muchos. Lo que hoy nos parece habitual fue entonces francamente revolucionario: conectar a quien sufre una necesidad con quien puede satisfacerla, apelando para ello a la difusión y la comunicación masiva. Se apeló a los métodos tradicionales, pero también a los medios, a la tecnología y a las redes sociales.

La mejor ayuda es la que se organiza y se sostiene en el tiempo, algo que desde la Red se promueve a diario. Sumar alimentos no perecederos, medicamentos, ropa o voluntades en torno a buenas causas, difundir imágenes de adultos o niños perdidos en distintos medios, potenciando el valor de la tecnología, promover la necesaria donación de órganos y de sangre son algunos de los tantos campos en los que activamente esta maravillosa red trae alivio y apoyo para muchos. De hecho, nuevas temáticas se han ido sumando a lo largo del tiempo y hoy el trabajo también abarca cuestiones ligadas al autismo, a la celiaquía o a la lucha contra los plásticos o la violencia en el fútbol.

Adalid de esa cultura generosa, Juan Carr ha sabido ganarse un lugar y su nombre se ha instalado como sinónimo de "solidaridad", tanto en la gran ciudad como en el pequeño paraje provinciano, incluso en otros países donde la idea echó raíces. Cualquiera sea la necesidad por satisfacer, simple o compleja, es capaz de motorizar la empatía de muchos para transformarla en herramienta efectiva de ayuda. "El optimismo, para nosotros, es una herramienta de trabajo, no solo una cualidad personal", afirma Carr. Que una de cada 38 personas en la Argentina esté conectada con la Red Solidaria se traduce en que más pronto se sabrá qué hacer, por ejemplo, ante la pérdida de un niño o la falta de un medicamento o de una silla de ruedas. Difusión y comunicación efectiva son dos piezas claves de este entramado solidario.

En 2008, desde estas páginas propiciábamos que la Red fuera considerada por primera vez para el Premio Nobel de la Paz; Juan Carr lo fue a título personal en 2012. Desde entonces, ha sumado méritos, potenciando sinergias con muchas otras instituciones, replicando valiosas iniciativas. Incluso promocionando lo que llama "Ideas de la Red Solidaria", proyectos y programas que les acercan y que pueden replicarse para beneficio de la comunidad. La Red Solidaria Global agrupa bajo objetivos comunes a particulares e instituciones destacados por su compromiso con el prójimo en más de 35 países; entre ellos, Japón, Estados Unidos, Bolivia, Haití, México, Ecuador, Uruguay, Italia, Mozambique, España, Costa Rica, Chile y Angola.

En estos días, a través de la Cátedra de la Cultura de la Paz de la Unesco, la Red Solidaria ha sido nuevamente nominada al Premio Nobel de la Paz.

"La Red Solidaria es una suma de voluntades en comunión con una infinidad de necesidades", afirman en la página web. Contagiando optimismo, "la esperanza está intacta", señala, y alentando a quien se le acerca, a veces personas transitando dolores profundos, el otrora boy scout Juan Carr sigue estando "siempre listo" y bien dispuesto para organizar cualquier ayuda. Sin alharaca, con la humildad que solo los grandes pueden desplegar, se apasiona ante cada causa, ante cada desafío, enfrentándolo con un sello personal y humano. Afortunadamente, no han logrado tentarlo con candidaturas políticas. Su trabajo desde el llano lo aleja de los reconocimientos y los laureles que tantos persiguen como único fin. Tanto que disfruta de esta nominación colectiva para el premio porque considera que el impacto positivo "sirve para sumar y para tratar de seguir cambiando el mundo y la realidad".

Hoy, una vez más, apoyamos la nominación de la Red Solidaria al Nobel de la Paz, convencidos de que el mundo se beneficia enormemente por contar con emprendedores sociales cuya generosidad y entrega marcan una diferencia. Retomando una metáfora que adoptamos en el pasado, el liderazgo de Carr ha demostrado funcionar eficientemente como el hilo invisible que hace posible que un collar pueda sostener tantas perlas de solidaridad.

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