Solidaridad en tiempos de pandemia

El presente demanda los mejores esfuerzos de todos, y el futuro en paz y salud que deseamos debe motorizar nuestra esperanza
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23 de marzo de 2020  

De poco sirve dar rienda suelta al temor que puede devenir en pánico cuando el aislamiento y las noticias de la realidad nos bombardean. El reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina ( CEA ) destaca que alimentar exclusivamente el miedo nos vuelve antisociales y egoístas, y que si actuamos con cuidado y responsabilidad para con los demás encontraremos la forma de transitar estos tiempos con actitudes amorosas, solidarias y de servicio, lo cual nos vuelve mucho más productivos en términos de lo que hoy necesitamos: ponernos más que nunca en el lugar del otro.

La CEA cita al papa emérito Benedicto XVI , quien convocaba a una nueva "imaginación de la caridad"; la caridad y el servicio al prójimo son creativos. Deben serlo por definición, pues cuando las instituciones y las estructuras no encuentran cómo resolver situaciones dolorosas y cargadas de dramatismo, solo el amor puede inspirar nuevos y creativos caminos.

Habrá que ejercitar, cuando no desarrollar, nuestra capacidad para producir y recoger las buenas cosas que vienen, tal vez más escondidas, pero igualmente asociadas al Covid-19.

En tiempos del brote de la peste negra que mató a más de 200 millones de europeos en el siglo XIV, lejos estaban nuestros ancestros de acceder al minuto a minuto de sus letales avances como hoy lo hacemos nosotros, con todo lo bueno y lo malo de aquello. Mucho se habla de "infodemia" en estos días, desbordados de comunicados, advertencias y consejos. Tenemos a disposición multiplicidad de dispositivos que, tal como queda demostrado, pueden ser vehículo de las noticias más terribles, incluso falsas, como así también de algunas otras mucho más esperanzadoras. Una sobrecarga permanente para quienes somos cultores de redes, llamados a potenciarla a nuestro favor para campear este tsunami sanitario de imprevisibles consecuencias en infinidad de campos.

La plataforma del voluntariado de España, por ejemplo, detectó una avalancha de solidaridad ante la pandemia . Se reconoce allí, sin embargo, que puede estar faltándoles una mejor estrategia de coordinación, clave para no desperdiciar recursos ni esfuerzos tan necesarios en días trágicos para tantos países europeos.

También en este campo los argentinos gozamos de la ventaja de ver allá anticipado lo que pronto podría ocurrir entre nosotros. Por eso debemos prepararnos mejor, organizándonos para potenciar sinergias solidarias. Es clave que la ayuda, de cualquier tipo que sea, pueda llegar a quien la requiere sin que se pierda en un intrincado camino de frustración para los que aportan su generosa colaboración.

Para empezar, muchas buenas ideas demostraron allá su utilidad y ya se insinúan también entre nosotros. Desde redes vecinales de ayuda a los más vulnerables hasta mujeres que pusieron sus máquinas de coser a trabajar para confeccionar barbijos que entregaron para uso de la policía local, por ejemplo, aun cuando no fueran de óptima calidad; profesionales médicos que brindan asistencia gratuita para no saturar urgencias, estudiantes avanzados de medicina dispuestos a colaborar, psicólogos que se ofrecen para atender vía Skype ante la sobrecarga de angustia, actores y comediantes que utilizan Instagram para entretener y regalar sonrisas, empresas y entidades que ofrecen desinteresadamente sus servicios "para ganar la batalla". Debemos aprender de ellos y anticiparnos a lo que seguramente también ocurrirá entre nosotros y recrear una sociedad siempre dispuesta a ayudar al otro, como tantas veces ha quedado demostrado.

Hablamos de nuevas necesidades, nuevas formas de intentar satisfacerlas, nuevas rutinas, distintas realidades que demandan anticipación y organización. No todos accederán mansamente al aislamiento pues dependen de su magro ingreso cotidiano para comer. Más de 4400 barrios carenciados del país albergan a varios millones de personas. Habrá que llegar a todos ellos de la forma más creativa y eficiente posible en medio de la tempestad. Anticipándonos a las circunstancias más críticas.

Desde los distintos niveles de gobierno, desde el vasto universo de las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones religiosas, los clubes, las asociaciones intermedias, todos atentos hemos de agudizar el ingenio para dar rápida respuesta a la catarata de cuestiones por resolver y organizar. No hay tiempo para mezquindades. Son tiempos de grandeza y de fortaleza en la unión. El presente demanda de nosotros nuestros mejores esfuerzos y el futuro en paz y salud que deseamos motoriza nuestra esperanza. Argentinos, a las cosas. No hay tiempo que perder.

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