Tiananmen: triste aniversario

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10 de junio de 2019  

En medio del previsible silencio oficial del gobierno chino (comunista), con sus festejos con bombos y platillos por sus setenta años en lo más alto del poder de ese inmenso país oriental, el mundo recuerda, con profunda tristeza, la masacre consumada por las autoridades de ese país, en 1989, en la Plaza de Tiananmen contra jóvenes estudiantes que reclamaban una apertura democrática junto con el fin de una corrupción extendida y enquistada en el poder.

En una jornada llena de aquellos recuerdos, especialmente nublada y gris, en toda China las autoridades dispusieron un férreo dispositivo de seguridad y detuvieron preventivamente a algunos de los principales activistas locales que defienden con empeño los derechos humanos y las libertades esenciales. Entre las medidas extremas que fueron dispuestas, estuvo la prohibición misma de tomar fotografías en el lugar en el que ocurrieron los hechos.

De espaldas a la triste historia reciente, en la Plaza de Tiananmen la bandera china se izó lentamente el día del lamentable aniversario como si se tratara de un día más.

La claramente temerosa reacción del gobierno chino prueba que el comentario del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, es absolutamente válido. Al recordar el trágico episodio, pese a lo sucedido y transcurridas ya tres décadas desde que se consumara aquella masacre, el funcionario sostuvo que China aún no ha logrado estructurarse como una sociedad abierta ni tolerante.

En efecto, China sigue siendo una sociedad autoritaria, en la que no se admiten las disidencias y en la que un partido comunista único, dueño absoluto de la verdad, toma todas las decisiones sin escuchar otros puntos de vista ni tener en cuenta otras opiniones.

En Tiananmen, más de mil personas indefensas fueron asesinadas simultáneamente, mientras que varios miles de ciudadanos chinos quedaron malheridos en un episodio que la historia no olvidará.

Como todos los totalitarismos, el chino violenta la dignidad humana al reducir al hombre a una pieza menor de los juegos políticos, considerándolo apenas un número. Desprovisto de la personalización, mientras el poder se esconde torpemente tras falaces apariencias democráticas y con constantes ardides, se procura enmascarar una realidad esencialmente autoritaria en la cual el Estado asume un rol absolutista, ilimitado, que no conoce fronteras legales.

Traer a la memoria la feroz masacre de Tiananmen es preocuparnos responsablemente por las libertades que, como seres humanos que somos, nos caracterizan a todos por igual. De alguna manera, es la libertad la que define al hombre diferenciándolo de los animales en su capacidad de rechazar la opresión.

Vaya entonces nuestro emocionado y respetuoso recuerdo a quienes entregaron sus vidas en tan memorable y sacrificada defensa de la libertad, sus valores y creencias.

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