Trump y México

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12 de junio de 2019  

A la intensa guerra comercial internacional desatada por Donald Trump contra China , el mandatario norteamericano sumó un nuevo capítulo enfrentando también a México, que al menos por ahora ha terminado en un acuerdo.

Los Estados Unidos mantienen una tensa relación comercial, cada vez más intensa con esta nación vecina. Utilizando los tuits a la manera de misiles, el presidente norteamericano había anunciado la semana pasada una suba de aranceles del 5% para todas las importaciones provenientes de México, que se incrementarían progresivamente hasta alcanzar el 25% desde octubre próximo, en represalia por lo que considera escasos e insuficientes esfuerzos del gobierno mexicano por tratar de impedir el desplazamiento de los inmigrantes centroamericanos a través de su territorio, en su afán por entrar ilegalmente a los EE.UU.

Como consecuencia inmediata, el peso mexicano se devaluó rápidamente y, en paralelo, las bolsas sintieron el golpe, especialmente en el sector automotor.

Era dable prever que México, afectado, reaccionaría como lo hiciera en el pasado, esto es, como en el 2009, aumentando los aranceles a las importaciones agrícolas norteamericanas, a manera de represalia. Algo así seguramente demoraría la suscripción de los acuerdos de libre comercio que Trump ya ha negociado tanto con México como con Canadá.

La presión del presidente norteamericano apuntaba a lograr que México redujera -con acciones concretas- el constante flujo migratorio que lo atraviesa proveniente desde América Central hacia los Estados Unidos.

Luego de intensas negociaciones, habiéndose comprometido el país azteca a controlar una marea migratoria que se agravó en el último año, Trump terminó anunciando el fin de semana último que suspenderá los aranceles a las importaciones provenientes de México. El presidente Andrés López Obrador, por su parte, confirmó el despliegue de unos 6000 agentes armados de su Guardia Nacional en la frontera con Guatemala, importante zona de ingreso de los migrantes centroamericanos para tratar de interrumpir los flujos que preocupan al presidente estadounidense.

Lo sucedido podría esconder algunas razones electorales. Trump podrá ahora imponer una mayor dosis de fuerza en sus relaciones con México que, para algunos de sus más duros seguidores, sería equivocadamente digna de aplausos.

Los cimbronazos de cualquier guerra comercial afectan siempre a muchos, de una manera u otra, más allá de a los propios consumidores norteamericanos. México, cabe destacar, reaccionó enviando a su canciller a Washington para abrir un diálogo superador, camino en el que Trump, en su marcada preferencia por la unilateralidad, siempre ha parecido sentirse débil.

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