Un debate que requiere tomar más altura

La primera discusión pública entre los seis candidatos presidenciales se centró muy poco en propuestas concretas, aunque el tiempo resultó escaso
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16 de octubre de 2019  

El primer debate presidencial, llevado a cabo el domingo último en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, fue un indudable aporte desde el ángulo institucional. Dejó, sin embargo, bastante que desear a quienes aguardaban definiciones programáticas más sustanciales para enfrentar las graves dificultades socioeconómicas que atraviesa la Argentina.

La primera consideración que puede hacerse, a la luz de esta primera experiencia en la que participó la totalidad de los candidatos presidenciales que se medirán en una primera vuelta electoral, es que resumir en apenas dos minutos una propuesta en materia económica no resulta para nada sencillo, incluso sumando los dos bloques de treinta segundos cada uno pensados para interpelar a los otros postulantes.

Puede alcanzar para sintetizar un diagnóstico y desglosar algunos objetivos centrales, pero difícilmente para explicar también cómo concretarlos. Se requiere de una particular preparación y habilidad comunicativa, que no se advirtió entre los candidatos en el reciente debate, para sintetizar el qué y el cómo en tan poco tiempo y no caer en meros propósitos obvios con los que difícilmente alguien pueda disentir. Para el futuro, sería preferible que haya menos ejes temáticos o más tiempo para desarrollarlos.

Al igual que en sus últimas declaraciones públicas, Mauricio Macri y Alberto Fernández cayeron en el reiterado recurso de buscar consignas esperanzadoras, sin poder poner de relieve la forma en que piensan cumplir con sus promesas.

Desde hace algunas semanas, venimos escuchando al actual presidente de la Nación, en su campaña por la reelección, decir que, tras el esfuerzo que han hecho los argentinos en los últimos años, la próxima etapa será de mayor crecimiento y empleo y de mejores salarios. El público tiene derecho a preguntarse por qué esta vez será diferente, en medio de una economía que hoy combina recesión con elevada inflación y un alto nivel de endeudamiento que coarta al país.

Su rival del Frente de Todos, por su parte, viene repitiendo que de lo que se trata es de meterle dinero en el bolsillo a la gente -una idea sobre la cual también ha insistido Roberto Lavagna- y de potenciar el consumo, sin que hasta el momento haya explicado con claridad de dónde saldrán los fondos. El exjefe de Gabinete kirchnerista sí reconoció que poner de pie a la Argentina requerirá de un esfuerzo enorme, pero no ha dicho en qué medidas concretas se traducirá, en momentos en que otras voces de su propia coalición política hablan de una mayor presión impositiva.

Cualquier salida a la crisis económica y al problema que plantea la deuda pública exigirá un programa fiscal y monetario consistente, que todavía no se advierte en el discurso de los principales candidatos, que sí aprovecharon su escaso tiempo en el debate sobre cuatro ejes temáticos para chicanearse el uno al otro.

El reloj también fue tirano con los representantes de las terceras fuerzas: Lavagna y Juan José Gómez Centurión exhibieron más dificultades para manejar bien sus tiempos, aunque el último al menos pudo poner de manifiesto que su principal mensaje guarda relación con la defensa de la vida del niño por nacer y su rechazo a la legalización del aborto. José Luis Espert y Nicolás del Caño, ubicados en extremos ideológicos opuestos, también pudieron diferenciarse del resto y aprovechar la vidriera ofrecida.

Es cierto, como afirman algunos especialistas en comunicación política, que lo que el público mayoritariamente registra en un debate de esta clase son determinados gestos, miradas, poses o bromas de un candidato, y que pocos recordarán unos días después lo que ese candidato propuso. La imagen suele ejercer mayor seducción que las cifras o las frases. Pero, del mismo modo, duele que buena parte del periodismo haya terminado discutiendo, en las horas posteriores al debate, si la frase de Macri sobre "el dedito acusador" de Fernández tuvo más o menos efecto que la chanza de este último al Presidente en el sentido de que "los abuelos no usan celular". Aun cuando la apreciación del nivel de tolerancia ante la crítica y la capacidad de diálogo son valores primordiales para ser evaluados en cualquiera que aspira a la más alta magistratura, cabe esperar que el domingo próximo asistamos a un mayor compromiso con las propuestas concretas.

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