Un instrumento necesario para combatir el delito

Utilizados en forma profesional, en los casos indicados, los inmovilizadores eléctricos son una alternativa válida para hacer frente a situaciones de violencia
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24 de enero de 2019  

Uno de los aspectos prácticos que ha provocado un intenso debate cuando se habla de seguridad es la utilización, por parte de las fuerzas policiales, de los inmovilizadores eléctricos conocidos como pistolas Taser. La discusión sobrevino por los anuncios oficiales de los gobiernos nacional, bonaerense y porteño sobre la adquisición de estos implementos para sus agentes, con el objetivo de ser utilizados en puntos estratégicos, cerrados y de mucha circulación como aeropuertos, estaciones de trenes y subtes.

Se trata de armas no letales, cuya función es inhibir en forma neuromuscular a través de dos dardos que penetran 5 milímetros en la piel y provocan una descarga eléctrica que lleva a una paralización instantánea de la persona que la recibe.

Algunos ideologizados detractores las han calificado como elementos de tortura, a los que comparan maliciosamente con picanas eléctricas. En rigor, son instrumentos probadamente útiles: evitan a los policías recurrir a las armas de fuego y, al mismo tiempo, no representan peligro para eventuales transeúntes.

Dado que la distancia requerida para su aplicación es de hasta diez metros, en los escenarios planteados también serían una alternativa más conveniente que un arma de fuego. Por otra parte, se prevé capacitar a quienes las porten. A ello hay que agregar que cada uno de esos dispositivos cuenta con una cámara que registra cada operación y un chip que da cuenta de cuando se lo dispara.

Numerosos especialistas en este tema las valoran porque permiten reducir a una persona que cometió un delito sin ocasionarle mayores consecuencias, a diferencia de otras opciones como el combate cuerpo a cuerpo, con tonfa o bastón, que pueden causar un daño permanente.

Estas pistolas no son una novedad en el mundo. Como antecedente legal local se encuentra el fallo de 2016 de la Corte Suprema de Justicia , que las autorizó, al desestimar un recurso de queja contra la resolución del Superior Tribunal de Justicia porteño, que ya había rechazado otro recurso.

Está muy claro que no son elementos de tortura, sino que, por el contrario, se trata de una alternativa válida para hacer frente a situaciones de violencia en escenarios complejos.

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