Vandálicos ataques en Chile

El rostro de la barbarie, en el saqueo de la Parroquia de la Asunción
El rostro de la barbarie, en el saqueo de la Parroquia de la Asunción Fuente: EFE
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14 de noviembre de 2019  

Las violentas protestas sociales chilenas llevan ya más de tres semanas ininterrumpidas. Paso a paso, como suele suceder en estos peligrosos casos, la alta dosis de violencia anárquica y descontrolada se ha transformado en una de sus características más inquietantes.

A los impresionantes ataques al edificio de la Universidad Pedro de Valdivia, incendiado y saqueado, se sumaron los destrozos en la sede de la embajada argentina y el saqueo de la histórica Parroquia de la Asunción, en Santiago de Chile, de donde sacaron bancos, imágenes religiosas y confesionarios para armar barricadas callejeras. Hace pocas horas, algunos de los vándalos que encabezaban las manifestaciones en una jornada de paro nacional intentaron quemar otra histórica iglesia católica que forma parte del patrimonio cultural de todos los chilenos: la tradicional Iglesia de la Veracruz, emplazada en el barrio de Lastarria, en la capital del vecino país, que carecía de custodia policial. El oportuno accionar profesional de los bomberos locales impidió, felizmente, su destrucción total luego de que las llamas se iniciaron en el interior del recinto.

Construido hace ya 162 años y declarado monumento histórico en 1983, el templo quedó seriamente dañado. Se trata del santuario católico que tradicionalmente ha custodiado nada menos que las astillas de la propia cruz en la que murió Jesús.

Lo sucedido constituye, además, otro tan injustificado como condenable y deplorable ataque a la libertad religiosa. El cobarde episodio que referimos evidencia cómo minúsculos grupos fanatizados pueden tratar de aprovechar, en su propio beneficio, el desorden y el caos para dar rienda suelta a sus propios resentimientos y lastimar a muchos que nada tienen realmente que ver con sus presuntas reivindicaciones.

El patrimonio cultural de un país queda así a merced de la trágica perversidad de hordas de activistas anarquistas que pisotean una identidad nacional común y sacan macabro provecho de dolorosas circunstancias.

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