Veganos en la Rural

La opción por el veganismo es una cuestión de decisión individual y ningún grupo tiene derecho a imponerlo al resto de la sociedad por la fuerza
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2 de agosto de 2019  

Fue desubicado que los "veganos" hayan irrumpido en la pista central de la Exposición Rural de Palermo para manifestarse en contra de la ingesta de carne y su correlato, la cría de ganado, como también resulta repudiable su violento desalojo por parte de algunos gauchos montados a caballo.

Es cierto que en todo el mundo existen tendencias novedosas respecto de los alimentos: desde aquellos libres de gluten hasta la sustitución de los lácteos; la preferencia por los orgánicos o la opción por los vegetales. En la mayor parte de los casos, se trata de regímenes alimentarios que focalizan en la salud y en el bienestar físico y espiritual.

En el caso de los veganos, por lo menos de quienes se manifestaron en la Rural, el foco es distinto: se oponen a ingerir carnes de animales cuyas vidas han sido interrumpidas por decisión humana, para comerlos.

Lo interesante es el debate ético que plantean quienes pretenden interrumpir por la fuerza una exhibición tradicional, de hondo arraigo popular, con el fin de llamar la atención sobre una cuestión que, según su postura, trasciende la simple opción de una dieta, para configurar un problema moral. Y como tal, un buen justificativo para levantarse contra leyes que consideran injustas.

Los veganos consideran que el sacrificio de animales con destino a la alimentación humana constituye un orden injusto, que ignora el derecho a la vida de estos y, por tanto, que esa injusticia los legitima para actuar en su defensa alterando el orden e irrumpiendo en lugares privados para protestar. Sin embargo, parten de varias premisas erradas.

Los animales carecen de derechos en la Argentina, por más empatía que nos generen y más allá de la lógica condena social que puedan merecer la crueldad o el maltrato hacia ciertos animales domésticos. El derecho es creación de los hombres y, a su vez, refleja las distintas percepciones valorativas que, de tiempo en tiempo, acoge la sociedad en su conjunto.

En la antigüedad, muchos pueblos originarios sacrificaban no ya animales, sino seres humanos, con el pretexto de agradar a los dioses y lograr buenas cosechas. Con el progreso y la Ilustración, la persona es considerada un fin en sí misma y nunca un medio para que otros logren sus fines. Los animales no han llegado a ese estadio. La cadena alimentaria explica cómo se convierte la energía lumínica en energía química a través de la fotosíntesis y cómo los consumidores secundarios (carnívoros) se alimentan del cuerpo de sus presas.

Desde la evolución de los primates en monos bípedos, como el australopithecus hace cinco millones de años, los humanos han sobrevivido cazando para nutrirse de proteínas. Es mucho tiempo como para que un grupo de veganos emplee la fuerza en lugar de la cátedra para imponer una transformación radical del cosmos humano a partir de sus sentimientos personales.

Dentro del proceso evolutivo, hemos adaptado las instituciones conforme al cambio del sistema de valores, que incluyen aspectos de convivencia y de la relación con la naturaleza.

En nuestro sistema legal, los animales son cosas y no personas; no son sujetos de derecho. La sensibilidad por los animales ha dado lugar a numerosas disposiciones de protección, como las prohibiciones de las riñas de gallos, de su exhibición en circos o de las carreras de galgos. Con el tiempo, es posible que la humanidad avance hacia otras formas de alimentación que no incluyan la carne, sino sustitutos orgánicos o artificiales. Existe una demanda social que exige una ética para el bienestar animal. Pero una cosa es el buen trato, incluyendo los procesos de crianza y matanza en las industrias, y otra cosa es la prohibición de la ingesta de carnes para impedir toda actividad avícola y ganadera.

Por ahora, la opción por el veganismo es solo un tema de decisión individual. Ningún grupo tiene derecho a tratar de imponerlo al resto por la fuerza hasta tanto la sociedad en su conjunto, a través de sus instituciones, resuelva si los animales continuarán siendo un alimento de los humanos o si, por disposición legislativa, se interrumpirá ese eslabón de la cadena alimentaria. Por lo menos, en lo que a las personas se refiere.

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