Veneno y corrupción en Rusia

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5 de septiembre de 2020  • 00:05

El valiente líder opositor ruso Alexei Navalny, internado en el Hospital Charité de Berlín, pelea por su vida desde un coma inducido. Fue envenenado al tomar una taza de té en un restaurante del aeropuerto de Tomsk, en Siberia, mientras esperaba abordar el vuelo de regreso a Moscú. Su severa indisposición obligó a desviar el rumbo del avión para que pudiera ser trasladado con urgencia al hospital.

Navalny, de 44 años, ha denunciado la extendida ola de corrupción que anida en la administración del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin. Sin duda, se ha convertido en una figura peligrosa, tal como revelan los reiterados intentos de deshacerse de él. Ya había sido objeto de otra tentativa de envenenamiento, en abril de 2017, mientras se encontraba circunstancialmente en Gran Bretaña.

El Kremlin rechazó las acusaciones a Rusia por el supuesto intento de envenenamiento e informó que se aprestaba a colaborar con la investigación de lo sucedido. Sin embargo, las dudas no han quedado despejadas.

La pretendida sorpresa de Putin ante lo acontecido no hace más que confirmar el peligro y la enorme inseguridad a los que se exponen quienes combaten la corrupción en la Federación Rusa, con alto riesgo para sus vidas. Ratifica también la mano dura que, desde las sombras, aplica el eternizado líder.

Lo que acaba de suceder debe ser investigado con total transparencia por médicos y especialistas independientes, tal como lo han requerido los gobiernos de Francia, Alemania y el Reino Unido. Identificar a los responsables permitirá aplicarles las ejemplificadoras sanciones que corresponden.

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