Venezuela, el zorro y el gallinero

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25 de octubre de 2019  

Pese a las denuncias en contra del régimen gobernante por represión, arrestos, torturas, vejaciones y asesinatos de dirigentes opositores, en una curiosa y preocupante elección, Venezuela alcanzó los sufragios que le franquearon el sitial que deja vacante Cuba en el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas para un período de dos años, que comienza en enero próximo.

Los miembros de la Asamblea General votaron para elegir a los países que ocuparán los dos puestos de América Latina y el Caribe entre tres candidatos. Brasil consiguió 153 votos; Venezuela, 105, y Costa Rica, 96.

El país centroamericano se había sumado como candidato a última hora, tardíamente ante compromisos ya logrados por los venezolanos, con el objetivo explícito de impedir que el chavismo se hiciese de un escaño.

La conformación numérica de este consejo, creado en 2006, refleja criterios geográficos: 13 escaños para África, 13 para Asia Pacífico, ocho para América Latina y el Caribe, siete para Europa Occidental y seis para Europa del Este.

La votación, sin ninguna abstención, fue a sobre cerrado. De haber sido pública, seguramente muchos no se habrían animado a apoyar el ingreso de la tiranía de Maduro al Consejo. En América Latina, apoyan abiertamente a Venezuela los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), entre ellos, Bolivia, Cuba y Nicaragua. También, naciones africanas y asiáticas en las que el "informe Bachelet" no impactó. Seguramente, votaron a su favor Rusia y China -dos de los cinco miembros del Consejo de Seguridad-, que se negaron a reconocer a Juan Guaidó cuando la opositora Asamblea Nacional lo proclamó presidente encargado.

El informe de la alta comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, de julio pasado, reportó 5287 muertes por "resistencia a la autoridad" en 2018 y 1569 entre el 1º de enero y el 19 de mayo de este año.

Indudablemente, Maduro buscó un asiento en el Consejo con la finalidad de bloquear cuestionamientos y autoprotegerse. En el pasado, para evitar esta situación, y aunque nunca prosperó, se propuso que se requiriera contar con la aprobación de las dos terceras partes de los países para convertirse en miembro del Consejo.

Cuando el mundo es testigo de la gravísima crisis que jaquea a Venezuela, la votación que permitió el ingreso de este país como miembro del Consejo constituye un acto de manifiesta hipocresía y una injustificable afrenta para los países democráticos de la región y, sobre todo, para los familiares de las víctimas que sufrieron violaciones a los derechos humanos y los miles de venezolanos que siguen padeciendo maltratos con este tipo de actos.

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