Venezuela nos duele

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28 de mayo de 2020  

La Argentina se encuentra entre los cinco destinos más elegidos por los 4,3 millones de migrantes venezolanos que se han visto obligados a huir de su país. Sobre su situación entre nosotros, un sondeo, realizado por el Grupo Adecco Argentina a mediados del año pasado, daba cuenta de que 6 de cada 10 no conseguían un trabajo estable, que 7 de cada 10 trabajaban en negro y que apenas el 4,5% refería estar trabajando en su profesión, pese a que más del 45% cuenta con estudios superiores. Son más de 165.000 venezolanos con permiso de residencia obtenido entre 2014 y 2019.

Sufrían ya dificultades para obtener sus DNI, antes de la llegada del Covid-19, por el requerimiento de un certificado de antecedentes penales de compleja y costosa tramitación, pero hoy se ven incluso obligados a posponer la obtención de su certificado de residencia precaria para regularizar su situación migratoria. Hoy sufren también el golpe de la cuarentena. Precarizados laboralmente, han sido de los primeros en quedar despedidos de sus frágiles trabajos. Muchos llegados en el último tiempo, sin nada, escapando del hambre en su país, con ilusión y muchas ganas de trabajar, enfrentan ahora la incertidumbre que ha impuesto para todos la pandemia.

A las dificultades para disponer de alojamiento cuando no se tienen las garantías necesarias, se suma el cambio de estación, que encuentra sin abrigo a familias enteras. Y tampoco escapan a la falta de alimentos que golpea a tantas personas vulnerables entre nosotros. En la parroquia Virgen de Caacupe, el padre Eusebio, un sacerdote argentino con corazón venezolano, comenzó a recibir a muchos inmigrantes hace ya tres años. Reconoce en ellos una fe vivida intensamente y un valioso sentido familiar que vale la pena acompañar. Hoy se ha incrementado mucho el número de los que llegan hasta esta iglesia del barrio de Caballito, en la que un grupo de voluntarios organiza la ayuda y las donaciones que tanto necesitan para continuar asistiendo a cientos de familias que se acercan en busca de ropa de abrigo o comida ( Whats A pp : +549116944-5921 ). Nuestros hermanos venezolanos han demostrado ser incansables trabajadores y verdaderos ejemplos de humildad, por lo que merecen acceder a trabajos y viviendas dignas, pero hoy la realidad los golpea doblemente.

Los migrantes venezolanos sufren más que nunca su vulnerabilidad aquí y en los distintos lugares a los que se vieron compelidos a huir, víctimas del autoritarismo de un líder al que nada le importan las vidas de sus compatriotas. Seamos, hoy más que nunca, generosos y solidarios anfitriones en esta tragedia que golpea las entrañas de Latinoamérica.

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